EL VERANO SIN HOMBRES

Hablar de Siri Hustvedt lleva inevitablemente a hablar de otro escritor, pero no lo voy a hacer aquí, o no todavía.

Porque quiero hablar de una novela que me deslumbró, y gracias a la cual la atormentaron mucho tiempo, porque la prensa entendía que era autobiográfica.  Quizá no a todo el mundo le guste, pero así es la literatura. Tengo la costumbre de subrayar los libros, y luego compartiré con ustedes algunos de esos fragmentos.

Se trata de El Verano Sin Hombres en la que la protagonista, Mía,  escritora también, sufre una “psicosis reactiva” el día en que Boris, su esposo, decide dejarla por una mujer mucho más joven.  El  marido le pide una pausa (la “Pausa”: así se la anuncian, así la llama ella, y por supuesto es más joven y tiene buenas tetas: “Llamo a la amante ‘la Pausa’, supongo que tiene padre y madre pero no me importa”, dice Mía).

De modo que gracias a la “pausa”  vuelve a  la ciudad de su infancia, donde  vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes. Mía alquila una casa, visita a su madre y a su grupo de amigas. Recupera los recuerdos de su infancia, y descubre algunos secretos de la femineidad de otras generaciones. También dirige un taller de poesía con un grupo de estudiantes, con las que poco a poco va tendiendo lazos pese al abismo generacional.

Se puede entender como literatura feminista, pero no es sólo eso. Es la mirada de una mujer madura sobre el universo masculino –atención hombres: puede ser interesante- y una profunda reflexión sobre la condición de mujer.

En el libro, que tiene también sus momentos de humor (“leí en algún lado que una mujer podía tener orgasmos con sólo cepillarse los dientes”),  la autora nos da un reflejo muy sutil  y muy preciso  del espejo en el que nos miramos, de esa especie de panóptico bajo el cual nos sentimos vigiladas constantemente. También habla con el psicoanalista de su padre, que no “la veía” o no del todo, no la tomaba muy en serio, de modo que hacía payasadas, cantaba para él, intentaba destacarse: intentaba que la  viera.

 Acerca de esa vigilancia sutil, casi imperceptible dice:“(…) Por la forma en que mi padre arqueaba las cejas me daba cuenta de que algo no iba bien; por la expresión de la boca de mi madre notaba cuando algo era inapropiado; por la forma en que Boris frunce el entrecejo sé que estoy dando la nota, que estoy siendo demasiado intensa”.

Con una calidad literaria digna de la mejor poesía, hace frente a la realidad de envejecer para una mujer, de la añoranza por los días  regidos por las lunas, y como nos vamos convirtiendo poco a poco de  doncella en  madre, y  en vieja bruja.

Y también, con una elocuencia fenomenal,  habla de la gente en general, también de los mortales que muchas veces no encontramos nuestro lugar en el mundo:

“Algunos de nosotros estamos predestinados a vivir en una caja de la que sólo podemos salir de vez en cuando. Nosotros, los de los espíritus condenados, los sentimientos frustrados, los corazones bloqueados y los  pensamientos reprimidos, nosotros que anhelamos pronunciarnos fuerte y claro, fluir a raudales en torrentes de furia o júbilo o incluso locura, no tenemos un lugar donde poder ir, ningún lugar en el mundo, porque nadie nos aceptará como somos y no hay nada que hacer, excepto aceptar el  placer secreto de nuestras sublimaciones, el arco de una frase, el beso de una rima (…) pero debemos liberar ese sonido y esa furia, chocar los platillos aunque resuenen en el vacío ¿Quién nos negaría la mera pantomima del frenesí?, A nosotros, los actores que vamos de un lado al otro de un escenario sin público, con las entrañas palpitantes y agitando los puños. Tu amiga era de los nuestros, los nunca ungidos, los nunca elegidos, maltrechos por la vida y por el sexo, malditos por el destino pero, aun así, laboriosos en la clandestinidad donde sólo unos poco dichosos se aventuran, cosiendo a ritmo acelerado durante años, cosiendo su congoja y su rencor y su ira y su ¿Por qué?, ¿Por qué no?,¿Por qué?.

Siri Hustvedt es novelista, ensayista y poeta. Nació el 19 de febrero de 1955 en Minnesota, Estados Unidos, de padres noruegos. Realizó su licenciatura en historia en St. Olaf College y de doctorado en inglés en la Universidad de Columbia.

 Y no, no voy a decirles el nombre del marido (quizá muchos lo sepan). Ella se ha ganado un lugar por mérito propio.

Siri Hustvedt

El Verano Sin Hombres

Anagrama

224 páginas.