El Teatro de Verano con su “naturaleza democrática” permite el acceso a diversos espectáculos sin tener que abonar un centésimo. Solo es necesario un estado físico con regular exigencia o una buena mezcla de paciencia y tiempo, ya que subir las canteras del Parque Rodó presenta, en algún tramo de su estructura, un grado de verticalidad que exige hasta el más ávido en términos de destreza física.

Todo lo vale para ver a una leyenda del rock and roll. La iguana Iggy Pop se presentó este mes en Montevideo y unos cuantos caminaron hacia el cielo aquella noche ventosa por demás. Tras el alambrado que separa el Teatro Ramon Collazo del exterior, esos mismos alpinistas de poca monta ahora eran espectadores expectantes. Los artistas invitados y compatriotas de HPLE ya no estaban en el escenario, y no había señal de que Pop subiera al mismo al instante. El “halftime musical” servía de excusas varias: Los punks abrían sus cajas de rosado dulce, una pareja se disponía de cara al Río de la Plata con los pies colgando de la cantera, mientras que la autoridad se disponía en parejas, quietos sobre sus caballos, mirando caras y poniendo seriedad al asunto. Cuando el show estaba a segundos de comenzar uno de los punks, quien usaba una campera repleta de tachas, mira a los costados y sin previo aviso, acurrucado contra los alambres del vallado, “firma un cheque” en blanco con su tarjeta.

Uno ve a la leyenda Iggy Pop caminar sobre el escenario de la playa Ramirez y recién en ese momento puede comenzar a evaluar como ciertas, todas las historias de tan brutal vocalista, quien supo ser producido por David Bowie y John Cale (Velvet Underground). Sus movimientos de cadera recuerdan a Elvis o Jagger y sumado esto a la diferencia de tamaño entre sus miembros inferiores, estamos ante un autentico freak del entretenimiento. Eso se visualiza ni bien la banda dio inicio al recital con “I wanna be your dog”, un wildrock que perturba tanto por la temática como por el sonido. Para cuando estaba sonando “Lust for life” los punks bailaban alrededor del vino en caja color naranja, como en un posible ritual precolombino entorno al fuego. El toque de modernidad (o postmodernidad) llegó cuando la caja fue pateada bien lejos por uno de los danzarines.

Iggy Pop, quien es conocido por los amigos como “James”, pasó por nuestras tierras saldando un poco más la deuda que nuestra ciudad tiene con el rock. Este veterano al galope de drogas y sonido crudo, supo poner la semilla de lo que más tarde sería el punk rock, estilo que tiene su contundente caldo de cultivo en 1977 con la divina trinidad de RAMONES-The Clash-Sex Pistols. Corría el final de la década de los 60 y Pop junto a un trío musical daban forma a The Stooges, un grupo de rock primitivo que no estaba en sintonía con el entonces influyente universo hippie. Pero no solo el ambiente soft se veía interpelado por estos “trogloditas”, sino que propios agentes del rock norteamericano estaban extrañados con estos cuatro flacos del noroeste de Estados Unidos.

Tanto así que al momento de registrar su primer LP  (The Stooges – 1969), Elektra, sello de la época, a la hora de concretar el contrato con Pop & cia, trasladó un manto de duda sobre The Stooges y sus cualidades. Jac Holzman fue jerarca de Elektra en ese momento y no tenía fe en que la banda pudiera grabar en un estudio. “Los Stooges apenas sabían tocar sus instrumentos” dijo Holzman, percibiendo quizá los nuevos tiempos que comenzaban en Occidente luego de la primavera del amor.