Hace 10 años, se descubrió el poder de la luz sobre nuestras neuronas.

Se reconoce como impulsores de esta técnica revolucionaria a Karl Deisseroth, Ed Boyden y Gero Missenbock, neurocientíficos de las universidades más prestigiosas, quienes se embarcaron en el enorme de desafío de no sólo conocer nuestro cerebro, sino de qué manera influir en él para prevenir diversas patologías.

Esta idea nació a finales de los años 90 por parte de Francis Crick, quien tuviera 50 años atrás, la primicia de la estructura molecular del ADN. Sin embargo, la idea tomó más cuerpo en 2005, cuando el entonces joven de 33 años y neurocientífco de Stanford, Karl Deisseroth, generó los primeros “destellos” de luz sobre las neuronas de un ratón, a partir de una fibra óptica incrustada en la cabeza del animal. Para que estos flashes surtieran efecto, antes fue necesario inocular un virus a partir de la implantación de proteínas, procedentes de algas (que no fueron descubiertas por el equipo que conformó Deisseroth con otro colega, Ed Boyden), ya que descubrieron que estas ofician como receptores solares, de manera que convertían la luz en electricidad, elemento que permite el funcionamiento de las neuronas.

De esta manera, la implantación de estas moléculas permite activar y desactivar determinadas neuronas, lo cual podría impedir enfermedades como: alzheimer, obesidad, depresión, migrañas, esquizofrenia, autismo, epilepsia, trastorno del sueño y pérdida auditiva.

Los neurocientíficos coincíden en que aún no se conoce completamente el funcionamiento del cerebro, pero sí determinados procesos que este genera. Consideran que existe más conocimiento sobre el ojo, lo cual permitió comprobar en roedores, que una vez se implantan células oculares en aquellos organismos que han perdido fotoreceptores, es posible recuperar la visión. En un experimento donde el ratón debe optar por un camino entre varios posibles, una vez dada la regeneración, se puede observar el movimiento inmediato hacia el camino luminoso. Desde el ámbito científico, se espera que esto pueda replicarse en humanos, aunque aún no se ha experimentado jamás en ellos. Por otra parte, se están estudiando actualmente cuales son las neuronas que intervienen en el temblor del mal de Parkinson para desactivarlas.

El desafío más relevante respecto al potencial de esta técnica radica en “mapear”el cerebro. Desde la perspectiva de Ed Boyden, se enfrentan a la extensión de las neuronas, consideradas las células más grandes de nuestro organismo, mientras que las grandes conexiones resultan más finas que un pelo. El próximo paso está en poder simular nuestro cerebro en una pc, para conocer cómo se generan nuestros pensamientos.

El poder de esta herramienta para paliar determinadas enfermedades trasciende su aplicación focalizada y exclusiva, por lo que existe un dilema ético respecto a su uso. En este sentido, Deisseroth destaca que para llegar a generar cualquier cambio es necesario un proceso que no es aplicable a distancia. A pesar de que reconoce la existencia de un margen para hacer un mal uso, subraya que el objetivo desde su grupo de trabajo es aumentar nuestras capacidades al máximo.

Fuentes: El Pais.com, Elfuturoesone