¿Qué pasa cuando viajas más de 10mil kilómetros, independiente del destino, a vacacionar al primer mundo, y luego retornas a nuestro gran, pero tercermundista Uruguay?

El golpe puede ser abrumador, pero constructivo.

Dicen que viajamos para que la vida no se nos escape, para que nos pase algo, para descubrirnos… lo más certero, en mi opinión, es que viajamos para cambiarnos. Lo sepamos de antemano o no, nadie puede obviar que no vuelve igual de un viaje donde convivís y te codeas en la cotidianeidad con otra cultura. Otras costumbres, otras comidas, otros medios de transporte, otros rituales, otros saludos, pero sobre todo, otro modo de pensar.

Qué pasa cuando te das cuenta que sos el único que se da vuelta a mirar a la persona que va con el pelo de otro color, al que se vistió de manera atípica, a la que por religión va con todo su cuerpo cubierto por una manta, o al que decide ir en pijama al supermercado. Nadie los mira, nadie susurra, a nadie parece importarle, a nadie le llama la atención, no destacan porque reina el individualismo, son decenas de personas cruzando las esquinas inmersas en si mismas, coexistiendo libremente. Libres, lo podés sentir en cada rincón, tantas nacionalidades conviviendo en un mismo espacio, articuladas pero libres.

¿Por qué a mi sí me llama la atención? ¿Por qué en mi país es normal mirar al de al lado y comentar? ¿Por qué en mi país resalta el que no es normal?, entendiéndose normal como “común”.

Está en nuestra idiosincrasia juzgar al de al lado, la ropa, el pelo, los gestos, su manera de vivir. ¿Dónde radica la diferencia, en que somos 3 millones y monedas?, ¿tiene que ver con la evolución histórica, con la tolerancia, con los valores, con la empatía?.

¿Por qué acá censuramos en nuestro propio accionar, hechos que estando en otro lado damos rienda suelta? No podemos saberlo certeramente, pero una vez que la pregunta está planteada, podemos procurar construir respuestas y soluciones.

Hablan de volver con el denominado trastorno del Jet Lag, del desuso horario, de la alteración del sueño, de volver a la rutina llenos de energía y anécdotas,  yo prefiero hablar de un cambio irreversible en la manera de ver la realidad.

Si viajar nos cambia individualmente, está en nosotros poder cambiar el entorno al que regresamos.