Se han cumplido casi dos semanas desde que Edgardo Novick registró en la Corte Electoral su agrupación, el Partido de la Gente. Lógicamente, ha sido definido como un “outsider”, término hoy harto utilizado para denominar a los actores que provienen de afuera de la política. Pero existe otra forma de referirse a Novick y a cualquier otro empresario que está haciendo sus primeras armas en la política. Carlos Real de Azúa, en el volumen número 34, La clase dirigente, de la serie de suplementos titulada Nuestra tierra, del año 1969, recogiendo el término acuñado por el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills, lo hubiera definido como el “intruso político”. Es decir —de acuerdo a la interpretación de Real de Azúa—, “el magnate económico que salta desde la desimplicancia a las más altas responsabilidades del Estado”. Según el destacado intelectual uruguayo, a finales de 1967, protagonistas del sector empresarial ya desplazaban “pausada pero firmemente” al elenco “político dirigente” de los primeros planos de mando.

A pesar de que en la actualidad esto no ocurre tan notoriamente como según Real de Azúa aconteció a fines de los 60, la aparición de Edgardo Novick si bien constituye un caso único —al menos de momento— no pasó desapercibida, ya que se trató de un nuevo actor, que sin contar siquiera con una mínima experiencia en un cargo político menor, en 2015 apuntó a la conquista de la Intendencia de Montevideo como candidato por el Partido de la Concertación, y en el presente año —fundando el Partido de la gente—  anuncia su intención de competir por la presidencia de la República en las elecciones nacionales de 2019.  En el discurso de Novick se aprecia una frecuente apelación a las “fuerzas vivas” — actores y organizaciones sociales no gubernamentales ni estatales que se movilizan tras la conquista de derechos—. Las mismas “fuerzas vivas” que como relata Real de Azúa en Nuestra tierra, eran convocadas y arengadas por los actores del sector empresarial a fines de 1967 cuando irrumpieron en el ámbito de la política.

Desde los años 20 del siglo XX en Estados Unidos, que luego se expandió al mundo, la tecnocracia ha sido propuesta como la salvación de la sociedad. Para Real de Azúa, la del intruso político es una mirada tecnócrata; ésta “centra la atención en el logro de ciertas metas cuantitativas y desde la que son, por esencia indiferentes los efectos secundarios, en especial los sociales, los concretamente humanos, que la implementación acarree”. Prosigue Real de Azúa explicando que “la acción del técnico, en su estado puro, suele participar de estas características, pero el técnico está habitualmente flanqueado por el político, su superior jerárquico, para moderar (también para malear) este esquematismo de las metas. Ocurren las cosas diferentemente cuando es el empresario el que ocupa el lugar del político y no hay, o no actúan enérgicamente, contrapesos que lo moderen”. Afortunadamente esto no ocurre en nuestro país, pero sí a sólo unos cientos de kilómetros con el Río de la Plata de por medio.

Un argentino “intruso” que no es Rial

El mes que viene se cumplirá un año desde que Mauricio Macri arribó a la Casa Rosada. Durante la primera de sus dos gestiones como Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires —lo que en nuestro país equivale al intendente de Montevideo—, Macri ya demostraba su inexperiencia como político. En una ocasión en la que el empresario respondía preguntas de varios periodistas, un asesor —que más bien parecía un apuntador de teatro— le decía al oído lo que debía contestar, y Macri lo repetía textualmente a los reporteros que lo interrogaban.

A menudo, su administración es definida como un gobierno de CEOs, afirmación no demasiado exagerada.  Un ejemplo de esto es Alfonso Prat-Gay, actual ministro de Hacienda y Finanzas Públicas. Empresario y economista, trabajó en la sede de Londres de la mundialmente reconocida empresa de servicios financieros J. P. Morgan, como director de estrategias de tipos de cambio. Además cumplió otras funciones para esa empresa en sus oficinas de Nueva York y Buenos Aires. Pero también cuenta con una trayectoria en la función pública, como presidente del Banco Central de Argentina y como diputado del Congreso de la Nación. Sin embargo, su experiencia como funcionario estatal no parece haberle sido muy útil a la hora de disimular sus visos de tecnócrata; sólo unos meses atrás, refiriéndose al sensible aumento de algunas tarifas públicas —agua hasta un 375%, gas hasta un 300%, transporte hasta un 100%— declaró que “una factura que se pagaba 150 pesos (argentinos) y pasa a 350 son 200 pesos de diferencia. ¿Qué es? —la diferencia—; dos taxis o dos pizzas”.  Tampoco la diplomacia parece ser su fuerte, como lo demostró al justificar el despido masivo y arbitrario de miles de funcionarios estatales contratados durante los gobiernos kirchneristas, calificándolos de “grasa militante”.

Otra muestra de un empresario que ingresó a la política como parte del gabinete del actual presidente argentino, es Juan José Aranguren, ministro de Energía y Minería. Hasta junio de 2015, se desempeñó como presidente de la filial de Shell en Argentina.  Un poco por inexperiencia en la arena política y otro poco por interés personal, Aranguren no termina de entender el conflicto de interés que existe debido a que estando a punto de cumplir un año al frente de su cartera, todavía es propietario de acciones de la petrolera Shell.  Recientemente Iván Schargrodsky, periodista del programa El Destape del canal argentino de cable C5N, fotografió en un aeropuerto del país vecino a un camión surtidor de Shell, abasteciendo de combustible a un avión de Aerolíneas Argentinas; hasta hace menos de un año esa tarea estaba a cargo de YPF, la compañía argentina de petróleo y sus derivados.  El escaso fogueo de Aranguren en la actividad política lo llevó a pronunciar una frase suicida que le valió una lluvia de críticas. Mientras ante un plenario de comisiones del senado argentino, el ministro de Energía y Minería daba explicaciones acerca del desmedido y brusco aumento de tarifas, incurrió en el sincericidio de confesar: “Estamos aprendiendo sobre la marcha”.   

Pero es justo decir que estas desafortunadas —en ocasiones también insensibles— declaraciones no son patrimonio exclusivo de los intrusos políticos. Sin ir más lejos, hace sólo unas semanas el actual ministro de Educación y Deportes de Argentina, Esteban Bullrich, en conversación con la agencia de noticias Télam comentó que el contexto de la pobreza y la educación “no se va a cambiar con planes sociales” , y agregó que a un chico “le podés dar un plan social, pero esa plata la va a usar para comprar balas”.

Los más felices serán los más privilegiados

En Estados Unidos, algunos de los nombres filtrados a la prensa que se estarían manejando para las distintas carteras, pertenecen a individuos que proceden del sector empresarial. Este abanico de intrusos políticos va desde un veterano funcionario de alto cargo en el gigantesco banco de inversión Goldman Sachs, pasando por un banquero y CEO de la empresa de servicios financieros J.P. Morgan, un cofundador de una empresa productora y distribuidora de aceites, aditivos y lubricantes para autos, un capitalista de riesgo, el hijo del presidente electo, el empresario Donald Trump Jr., el CEO de una compañía de exploración y producción de petróleo y gas natural, el cofundador y CEO de una cooperativa láctea de Estados Unidos, un inversor estadounidense especializado en reestructurar compañías fallidas; hasta un CEO y presidente de una de las más grandes compañías productoras de acero y productos relacionados del país del norte.

Al menos por ahora, es imposible saber si en caso de que alguna vez Edgardo Novick alcance la presidencia, tendería a imitar los procedimientos de Macri o Trump para conformar sus gabinetes. Lo que sí puede sostenerse de momento, es que resulta poco tranquilizadora su obsesión por la palabra “gestión”, que repite con frecuencia casi como un mantra; un país se gobierna, no se gestiona.

En pos de trasmitir la apariencia de un partido abierto a todo el mundo sin importar la inclinación política previa, Novick no pierde oportunidad para quitarle trascendencia a la ideología. En su afán por potenciar la naturaleza integradora de todos los uruguayos —que pretende tener su nueva agrupación—, el empresario bautizó a su novel partido en la forma que en un imaginario instructivo de demagogia, figuraría como la primera regla: “Agregue al final del nombre de su partido las palabras ‘de la gente’”.  Sin embargo, resulta irónico que el anuncio del nacimiento del Partido de la Gente se llevara a cabo en el lujoso hotel Sheraton de Montevideo.    Tampoco puede considerarse disparatada una última comparación entre Novick, Macri y Trump: al momento de conquistar adhesiones se comprometieron a mejorar la economía, educación, seguridad, salud, etc. Sin embargo, ni el primer mandatario argentino ni el primer mandatario estadounidense, durante sus campañas por la presidencia explicaron ni describieron qué estrategias concretas llevarían a cabo para alcanzar esas metas.  Hasta el momento, tampoco Edgardo Novick ha sido muy preciso al respecto.

Logos para colorear

Observando la estética del logo de Novick, pueden encontrarse similitudes con el del Encuentro Progresista-Frente Amplio, utilizado en la campaña electoral de 1994 para las elecciones nacionales. Ese movimiento surgió con un propósito similar al del Partido de la gente, aunque obviamente ya contaba con una base importante de votos del Frente Amplio. Pero el objetivo de su creación, coincidía con el del nuevo partido de Novick — captar adhesiones de votantes desencantados de otros partidos—, sólo que en el caso del Encuentro Progresista-Frente Amplio, se buscaba atraer votos de nacionalistas y colorados desencantados. Huelga decir que no fue casualidad, que el candidato a vicepresidente que acompañó a Tabaré Vázquez en la fórmula fue Rodolfo Nin Novoa, que hasta unos meses antes de comenzada la campaña, se desempeñaba como intendente de Cerro Largo por el Partido Nacional.

Si bien se aprecian pequeñas diferencias en las tonalidades —a veces más claras y otras más oscuras—, de los colores utilizados en el logo del Encuentro Progresista-Frente Amplio y en el del Partido de la gente, casi todos son los mismos. Mientras que el color blanco, es el único que se encuentra presente en el logo de Novick pero no en el del Encuentro Progresista-Frente Amplio, el violeta forma parte del logo del movimiento de izquierda pero no del logo del empresario.

Como se aprecia en la imagen, el logo del Encuentro Progresista-Frente Amplio consistía en un círculo amarillo dibujado con trazos irregulares como hechos con un pincel, sobre un fondo azul oscuro. De ese círculo amarillo, nacen cuatro trazos rectos diagonales, también irregulares de distintos colores, tres de ellos presentes en el logo del outsider: celeste, rojo, y anaranjado —el violeta es la excepción—; también el azul del fondo del logo de la agrupación de izquierda aparece en el logo de Novick.  Los colores especificados, pueden encontrarse en cada uno de los distintos rectángulos que forman la línea recta de la base del logo de Novick; también el color blanco, ausente en el logo del Encuentro Progresista-Frente Amplio. Pero sí tiene sentido que el blanco aparezca en la línea de rectángulos del logo del empresario, ya que junto al rojo y el azul también presentes en el logo de Novick, conforman los colores de la bandera del Frente Amplio.

logo-encuentro-progresista-logo-de-novickSi esta interpretación fuera correcta, llamaría la atención que los rectángulos en cuestión no hubieran sido alineados juntos, es decir en el orden de los colores de la bandera de la agrupación de izquierda: rojo, azul y blanco. Sin embargo los otros rectángulos —continuando con el análisis del logo de Novick—, sí respetan el orden de
los colores de las banderas del Partido Colorado y el Partido Nacional. En el caso del primero, puede apreciarse cómo el rectángulo rojo se encuentra junto al amarillo, y en el caso del segundo, el color blanco se ubica junto al color celeste.

bandera-partido-colorado-bandera-del-partido-nacional-543Para Fernando Andacht, el semiólogo más destacado de Uruguay y uno de los más reconocidos en América Latina, licenciado en Letras, con una maestría en Lingüística en la Universidad de Ohio, doctorado en Filosofía en la Universidad de Bergen (Noruega) y profesor titular grado 5 del departamento de Teoría y Metodología de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la UDELAR, el color verde en el logo de Novick “es más importante que nada, porque es masivo”. Si bien para Andacht ese verde podría ser asociado con una postura ecologista, no es el caso del logo de Novick, ya que “el verde ése está desambiguado, porque el contexto no lo pone a Novick en ninguna situación donde eso signifique naturaleza, naturismo, nada de eso (…)”. En su opinión, la intención de utilizar ese color como el dominante, es la de apelar a la esperanza. Para el semiólogo uruguayo, la esperanza por un cambio “es todo en lo que se basa todo candidato ‘outsider’”.

Agrega Andacht que en el logo de fondo verde “el nombre ‘Novick’ está apoyado en algo multicolor. Más que entrar en la sutileza de los parecidos con (la estética de otros logos), sería como que éste abrazaría, digamos, algo multipartidario; como que es una invitación”. Para el semiólogo, los rectángulos de colores que forman la línea ubicada en la parte inferior del logo de Novick, constituyen “una oferta polícroma. O sea, no importa de qué tienda vengas, los invita a todos”. En opinión de Andacht, esa es “la oferta típica de un outsider, outsider”.   El docente universitario grado 5, explica que la ubicación de esa línea multicolor no es casual, ya que ésta se encuentra en la base; “la base en la que asienta su propuesta”.

Como se desprende del texto Nuestra tierra de Carlos Real de Azúa, la irrupción del intruso político en la arena de los dirigentes data de varias décadas. Lo que quizás hoy sea una novedad, es que simultáneamente en distintos países estén accediendo al máximo cargo al que puede aspirarse como funcionario de un Estado.