El estadio Nacional de Santiago, donde Chile juega de local en sus partidos por competiciones oficiales tiene lógicamente  su historia deportiva, pero guarda en sus instalaciones un capítulo de los más negros para el pueblo trasandino. La dictadura encabezada por Augusto Pinochet lo usó como el mayor centro de detención que se recuerde en América Latina.

En sus paredes se mezclan los gritos de gol y alegría por clasificaciones a mundiales, hasta por la primera Copa América que en 2015 obtuvo Chile como locatario, con los llantos de dolor y los gritos de aquellos que fueron torturados y hasta asesinados allí.

El 11 de septiembre de 1973 cuando el gobierno de facto del general Pinochet dio comienzo a la dictadura tras derrocar a Salvador Allende, se utilizó una de las tribunas ubicada tras uno de los arcos para detener allí a los presos “políticos”.

Según cuentan las personas que trabajan en el Museo de la Memoria, ubicado exactamente en el lugar donde todo esto sucedió, los presos que eran llevados allí dormían en el piso, en el frío hormigón, salvo en las dependencias destinadas para las mujeres, algunas en colchonetas.

Durante el día, los presos podían estar en la tribuna y charlar con los otros. Hasta que aparecía el personaje más temido (el encapuchado) quien identificaba a los militantes de izquierda que eran separados de los demás y llevados a la tortura. Otros pasaban allí las horas mirando la cancha.

Entre los nombres que aparecen en fotos y en pintadas que se guardan en este sitio que en el año 2003, 30 años después del golpe fue declarado monumento histórico, lo que no permitió que se tocara en ninguna remodelación, aparecen los de Victor Jara, Charles Horman (periodista norteamericano) y hasta hay una mención para Francisco “Chamaco” Valdez Muñoz. Usted se preguntará ¿quien es este hombre? es el autor del llamado “gol más triste” de la historia de Chile.

Resulta queunos meses después  de ocurrido el golpe de estado, estaba programado que Chile y la Unión Sovietica jugaran el repechaje para clasificar al mundial 1974. El partido en tierras rusas culmino 0 a 0 y debía jugarse la revancha en territorio chileno.

Para ese entonces entre asesinados, trasladados y aquellos que se quitaron la vida. eran muy pocos los que quedaban en el estadio. Ese día, el 21 de noviembre de 1973, no hubo detenidos en el estadio nacional y el público pudo ingresar. En una absurda situación permitida por FIFA, no hubo allí partido, ya que el seleccionado de la URSS no viajo argumentando lo siguiente: “Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética tiene que negarse a participar en el partido en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”, explicaba en aquel entonces la Federación. De todas formas, Chile entró a la cancha, los carabineros entonaron el himno, el juez pito el comienzo del juego y sin el equipo rival enfrente, Valdez Muñoz ejecuto el remate al arco marcando el gol que clasificó a Chile al mundial de Alemania.

En ese estadio,  donde la memoria está viva y donde los chilenos recuerdan esa triste puerta ocho como parte de un pasado que no desean volver a vivir, esta noche de martes el equipo de Tabarez va a culminar el ciclo 2016 de partidos de eliminatorias buscando clasificar justamente a Rusia 2018.

Por suerte, hoy habrá gritos que serán de aliento y alegría. Lo importante es siempre recordar las cosas que pasaron, porque como dice una frase que está en los túneles de esa tristemente famosa puerta ocho, “Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro”.