Claves para comprender y superar un problema que afecta a muchos

Procrastinar es la acción de posponer  las tareas que se deben hacer y distraerse realizando otras actividades que son más placenteras, pero de menor valor productivo. Esta costumbre no permite que los objetivos de un individuo sean alcanzados, tanto en el ámbito familiar como laboral o incluso los pasatiempos que  se desean cumplir.

“El postergar es en sí un engaño a nosotros mismos que termina siendo una agresión. Ello se debe a que nos fallamos, no tomando las medidas para alcanzar aquellas cosas que tanto deseamos y con las que habíamos soñando. Lo cual redunda en una pérdida de la confianza y en dudas acerca de las capacidades personales”, dice la licenciada en psicología Mariana Alvez.

Alvez agrega que posponer nos genera un falso alivio que dura poco, ya que hacerlo indeterminadamente implica un desgaste que puede llevar a las personas a sentir culpa, angustia o incluso depresión.

Es más común que se posterguen las tareas auto planteadas, más no las que otras personas requieren que se hagan, como trabajo o estudios en equipo.

Mecanismo de defensa

Los expertos en motivación personal afirman que “perder el tiempo” durante unos minutos en medio de actividades que requieren concentración, resulta beneficioso para la productividad. Ya que descansar y distraerse por breves periodos potencia la creatividad, también ayuda a renovar la concentración y la motivación.

El problema se genera cuando la distracción se vuelve hábito y se usa más tiempo del necesario en descansar, posponiendo por largo tiempo las tareas importantes.

Patricia Werner, life couch en temas de éxito personal afirma que la procrastinación es un mecanismo de defensa que nos mantiene “a salvo”, de equivocaciones y fallas, de decepciones tanto de otros como de nosotros mismos, del rechazo e incluso del propio éxito.

Indica además que “procrastinamos para no exponernos a una situación o resultado que no sea el deseado, pero como no queremos abandonar lo que empezamos es preferible no comenzarlo”.

En la actualidad existen muchas distracciones, las redes sociales, webs, blogs e infinidad de juegos o aplicaciones; sin embargo es importante tener en cuenta que aunque internet sea un sitio donde los usuarios suelen Procrastinar, eso no lo convierte en la causa que incita a los individuos a posponer sus deberes.

Causas más comunes

 “La procrastinación es una forma de tu mente de decirte que estás haciendo algo mal”, afirma el experto en desarrollo personal y finanzas Juan Sebastián Celis.

El autor establece siete causas principales. Miedo, perfeccionismo y estrés son las tres caras de la primera causa. El perfeccionismo es el miedo a no ser lo suficientemente bueno en lo que se hace. A su vez, el estrés es un estado de tensión constante causado por un miedo.

La segunda causa es la falta de diversión.  Si un individuo dedica mucho tiempo a una misma actividad o área de su vida, se va a volver “pesado” y afectará a otras esferas de la vida. “Los seres humanos necesitamos divertirnos para vivir”, asegura el autor.

La falta de motivación constituye la tercera causa, cuando el trabajo se vuelve una carga es necesario buscar formas alternativas de enfrentar las tareas. En último término es importarse plantearse cambiar de trabajo, ya que no es emocionalmente saludable “hacer las cosas por hacerlas”.

En cuarto lugar se encuentra el trabajo ineficiente. Trabajar más cantidad de horas no siempre quiere decir trabajar mejor, de hecho frecuentemnte el resultado es el aburrimiento y la persona se dedica a distracciones como revisar las redes sociales.

La quinta causa es la falta de planificación, es más fácil llevar a cabo las tareas y saber cuánto tiempo requiere cada una si se tienen claro qué hay que hacer desde un primer momento. Plantearse una lista interminable de cosas por hacer termina generando impotencia.

Falta de disciplina encarna la sexta causa, el mejor momento para realizar las tareas pendientes es ahora y es importante hacer uso de la fuerza de voluntad. A veces te apetece trabajar y eres muy productivo, pero muchas veces te pones manos a la obra pero no te apetece nada trabajar. Piensas que quizás dentro de 30 minutos tendrás más ganas de hacerlo. Pasan 30 minutos y aún no tienes ganas de empezar”, ejemplifica Celis.

La séptima causa es la fatiga física o mental. La vida sedentaria, la mala alimentación y la falta de descanso influyen negativamente en el organismo, lo que se traduce en baja productividad y poca concentración.

Patricia Werner asegura que la principal causa de la procrastinación es el miedo que se produce cuando sobredimensionamos las posibles consecuencias de lo que va a pasar. Es decir que imaginariamente exageramos lo que ocurriría “si pasa esto o si pasa aquello, o si por el contrario no pasa ni esto ni lo otro”. Esto nos aferra a nuestra zona de confort, nos estanca  e impide entrar en acción.

Dejar la inercia y actuar

 El autor Juan Sebastián Celis además de identificar las causas también plantea formas para dejar atrás la procrastinación.

Es de gran ayuda realizar las tareas más pesadas o complicadas primero. Como la fuerza de voluntad es limitada y se agota rápidamente, el mejor momento del día para hacerlas es cuando tenemos más energía, por lo general en la mañana. También aplica para los primeros días de la semana o del mes.

Otra clave importante es dividir las tareas. Sobre todo cuando la tarea o meta se compone de muchas actividades a realizar, ya que la mente se resiste a emprender una actividad que considera “interminable”.

Comprometerse socialmente es otro paso de gran ayuda. Es fácil dejar las cosas por la mitad si nadie conoce cuáles son las responsabilidades que debemos cumplir. Por esto, es más probable que se cumplan los objetivos si hay una presión social, alguien que monitorice si las cosas se hacen en el tiempo acordado.

Cuando es necesario llevar a cabo una tarea que requiere de mucha concentración, Celis recomienda dejar a un lado las distracciones. Bajar el timbre del celular, desactivar las notificaciones, desconectar el internet, apagar la televisión; todo esto aunque sea por poco tiempo es necesario para terminar el trabajo adecuadamente y en el menor tiempo posible.

Cuando se debe realizar cualquier trabajo pero no se sienten ganas, es recomendable registrarlo en una “agenda de procrastinación”. Se trata de anotar qué se tenía qué hacer, como se siente uno al respecto y qué cosas pasaron ese día que generaron distracciones. Luego se podrá analizar cuáles son los patrones que se repiten y así identificar para posteriormente eliminar las causas que generar el constante aplazamiento de responsabilidades.

Como indica la licenciada en psicología Mariana Alvez, es importante concentrarse en los aspectos positivos de las responsabilidades que debemos cumplir. Ya que si permitimos que los aspectos negativos nos bloqueen seguiremos dilatando lo que tenemos que hacer. Al reconocer y controlar nuestros miedos es posible darnos cuenta de que se trata de creencias limitantes, para luego ponernos en acción dejando surgir la creatividad y con ella la confianza en nosotros mismos.