A 14 años de la crisis del 2002

La Facultad de Información y Comunicación (FIC) estuvo a cargo de la organización de un espacio abierto de reflexión, en el cual se analizaron los efectos psicosociales de la crisis. El encuentro se dio el martes 8 de noviembre en el local de FIC.

Los panelistas son especialistas en diversas áreas. Fernando Vilar y Daniel Bianchi, conocidos periodistas de los medios locales. Camila Zeballos politóloga que participó en la investigación académica sobre el debate parlamentario en la época de la crisis. Alicia García, profesora de comunicación educativa y  comunitaria en FIC, quien fue parte de los grupos de voluntarios en ollas comunitarias en 2002. Como Moderadores estuvieron presentes Lis Pérez, docente  del departamento de ciencias humanas y sociales en FIC, junto a dos de sus alumnos.

Frente a un gran grupo de alumnos y docentes toma la palabra el periodista Daniel Bianchi, para entrar en ambiente recordando cómo fue la época de la crisis, más allá de los datos numéricos que todos ya conocemos muy bien.

Cuando a mí me hablan de la crisis del 2002 como cuando me hablan de la guerra de Las Malvinas o de otros episodios traumáticos, pienso que han marcado un antes y un después en la historia y sobre todo en la sensibilidad colectiva.

Uno puede tener la fijación de derivar hacia la información pura y dura, estadística, económica, desarraigada  que puede ser muy valiosa. Pero otra cosa es hablar de cómo uno lo sintió como persona, como ciudadano. Cuando tengo que hablar de la crisis del 2002 me viene a la cabeza una sensación de agobio personal, una cosa gris…

Había una gran sensación depresiva en todos.  Pero se dieron ciertos fenómenos que luego se diluyeron. Por ejemplo la economía colaborativa. Hijas de la necesidad surgieron variadas respuestas en distintos ámbitos y son difíciles  de mensurar. Podemos saber cuánto era la reserva neta en el Banco Central el día que se inició la crisis vs. El día que terminó. ¿Pero cuánto hay de valores, sensaciones o costos en suicidios, angustias o desarraigos? Es muy difícil  medirlo. Eso es un gran desafío porque de alguna forma es como dicen las abuelas “de la plata no te preocupes porque se puede hacer de nuevo, preocúpese de otras cosas que son más importantes”. Creo que esta crisis impactó debajo de la línea de flotación de esas cosas importantes, que son quizás las que la academia ha abordado menos. Pienso en las crisis de las familias, las grietas, los que tuvieron que emigrar, los que se quitaron la vida.

Conocí dos personas que se suicidaron y cuando pienso en la crisis me vienen sus rostros a la mente. Otra cosa fue la cantidad de gente que fue al clearing ¿Se acuerdan de las deudas brutales?

Todo ese horizonte agobiante fue el que vivimos nosotros. Desde el periodismo hoy cuando tratamos la crisis es un dato, un tema, un problema… Yo los invito  cambiar un poco el juego y mirar las mil caras o mil demonios que bailaron al son de aquella crisis. Así como nos cuesta entender a pueblos que tienen culturas distintas, también nos cuesta mucho entendernos a nosotros mismos en situaciones extremadamente duras.

 Los medios entonces

Fernando Vilar: –El papel de los medios de comunicación en ese ambiente era ayudar a entender  la situación.

Entré a trabajar en canal 4 en el año 1991, a los pocos meses pasé al Centro Montecarlo de noticias. Por lo tanto todo lo que se hacía y decía en el programa pasaba por nosotros.

En la televisión los equipos periodísticos los componen tres personas, el chofer, el camarógrafo y el periodista, supongo que no hará falta decir cuál es el papel de cada uno ¿verdad? Pero si un camarógrafo está en una esquina equis cubriendo un hecho, al lado de él una persona es baleada y cae desangrándose, ¿el papel del camarógrafo cuál es, filmar o ayudar? El camarógrafo tiene una función para la que lo contrataron, le hicieron una prueba… que es filmar.

Mario Handler: En mi clase eso es algo que está claro, lo explico veinte veces. Está filmado cuando yo grito “sigan filmando”.

F.V: Tiene que seguir filmando.

  1. H: –¡No!… Perdón, no. La ética tiene que estar. Si no hay nadie, abandono la cámara y lo ayudo. Pero si ya está atendido hay que seguir filmando.

F.V: El tema es que si la atención llega una hora después se pierde una hora de filmación. Por ejemplo los camarógrafos de guerra no harían nada si se pasan todo el tiempo ayudando.

A lo que quiero llegar es que en la época de la crisis, ningún medio dejó de informar. Pero en ese momento, a eso que llamamos ética los medios lo pusieron a flor de piel. ¿Qué era más importante, la novedad cruda y dura de los datos o la finalidad última que era hacer menos doloroso el panorama? Creo que la mayoría de los medios atendió primero a la ética y después lo demás. No quiero agobiar contando todos los casos que tuvimos, pero quiero contarles tres casos que son un ejemplo claro de la cobertura periodística de aquel momento.

Hubo dos o tres día claves para el futuro económico del país. En aquel entonces el partido en el gobierno era el Partido colorado. Por una cuestión de afinidad el Partido nacional casi que hacía  causa común, naturalmente. Pero había un tercer partido que todo el mundo miraba de reojo para ver qué actitud iba a tomar. En aquel momento llamó al Canal alguien que tenía influencia sobre todas las estructuras del Frente Amplio y nos dijo, “no importa lo que a cada diputado o senador  se le ocurra decir o hacer, el Frente Amplio está unido y apoyamos al gobierno en todo lo que decida”.

Eso fue algo que a mí me quedó marcado, porque vi cómo en momentos de dificultad se unen esfuerzos. Y resulta mucho más importante la unidad del país que la miseria política.

El otro caso, nos llegaban por día tres o cuatro versiones de asonadas, motines, piquetes y saqueos a supermercados. Pero nunca ninguno fue cierto. Entonces, nunca dijimos nada sin antes ir al lugar y ver si realmente pasaba algo.

El tercer caso me parece muy importante desde el punto de vista social. Los medios de comunicación de aquella época junto a las personas de los barrios cumplieron uno de los servicios más grandes que el Uruguay recibió. Se permitió que la gente que no tenía poder adquisitivo, pudiera darle de comer a sus hijos. Se hicieron merenderos y ollas populares que muchas veces fueron organizados sustentados o financiados por  algún medio de comunicación.

Lo más importante que vi en aquella época es que ante la crisis lo más importante fue preservar los valores, más allá de si se trataba o no de empresas comerciales, lo importante era ayudar.

¿Cambió el rol tradicional de los medios?

F.V:- Creo que no. Por ejemplo, la noticia del precio del dólar se da en todos los medios como una cosa que está institucionalizada. Si el valor de la moneda cae bruscamente, ese día además de los números sale al aire un análisis de un especialista en economía, es decir hay un tratamiento distinto en ese caso. Y eso pasó en aquel momento.

Los medios seguían cubriendo deportes, pero estábamos atentos por si en cualquier momento había un anuncio del  Ministro de Economía. Además la economía tiene en nuestro país una repercusión directa en el sector político. Pero no hubo diferencias en la agenda. Los medios casi nunca marcan una agenda apartada de lo que (se entiende que)  la gente quiere escuchar.

D.B: Es importante saber en qué medida los medios están encapsulados y cuáles son los vínculos con los intereses de las personas. Creo que en aquel entonces hubo un manejo de la información con libertad.

Más allá del tema ético los medios enfrentan todo tipo de responsabilidades. Se manejaban datos sensibles, por ejemplo sobre las reservas del país que tenía el Banco Central del Uruguay. Nos preguntábamos sobre las fuentes ¿eran confiables? Pensando en las repercusiones que habría si sacábamos al aire esa información, se decidió no hacerlo.

¿Dónde están los límites de la responsabilidad? Por manejar de forma prudente una información se es cómplice del silencio, o se pueden poner en riesgo ciertas situaciones al decir esa información. Sólo el ejercicio de una conciencia avisada podría determinarlos límites. Es un desafío a nivel de conciencia y moral.

F.V:- Lo que es común no es noticia, lo que es noticia no es común. Se disparó el dólar, hubo una corrida bancaria, se realizó una llamada telefónica al presidente de los Estados Unidos, se creó un movimiento de deudores de los bancos que quebraron, se iniciaron acciones judiciales contra los Peirano… Todo esto marcaba agenda, no había cambios en lo que era o no era noticia.

D.B:- En la crisis aprendimos sobre la marca que las noticias no eran sólo lo institucional. Recuerdo que se hacían notas de gente que se había quedado en la calle. Y eso era el reflejo de la situación que se daba.

En cuanto a la libertad de información, hubo casos que ponían a los medios “al borde del abismo”. El caso de la aftosa, lo de “los argentinos son una manga de ladrones del primero al único” que dijo Jorge Batlle. Sin embargo, nunca hubo un llamado a los medios para que no se hablara de algo. A ver… las presiones siempre existieron, dentro y fuera de la crisis, pero para la época que se vivía no podemos decir que no había libertad para informar.

Situación política y social

Camila Zeballos:- Cuando empezamos la investigación académica junto con otros compañeros, uno de los puntos que nos interesaba era el papel que cumplió el debate parlamentario durante la crisis. Sobre todo cuando se tenía que votar la ley 17.523, que era para el fortalecimiento del sistema bancario.

Al leer prensa, editoriales y otros materiales de la época llegamos a la conclusión de que todo estaba cubierto por este sentimiento, la desazón. A medida que íbamos avanzando en la investigación nos dábamos cuenta de que la crisis había sido mucho peor de lo que recordábamos. No se trataba sólo de un parlamento que decidía debatir después de aprobar la ley.

Jorge Batlle contaba que él había sido un muy mal negociador y por otro lado estaba Alejandro Atchugarry que desde el silencio manejaba todas las negociaciones, pasaba fines de semanas enteros en el parlamento. Más allá de la tristeza que uno siente al recordar lo que pasó, también nos quedan muchos conocimientos útiles.

Alicia García:- La crisis es un momento, pero las cosas no salieron “de adentro de un boniato”. Había un proceso de deterioro para las personas muy importante, sobre todo de las personas vulnerables de todo tipo, no sólo económicas sino también de formación, sociales, etc.

En aquel momento la UdelaR junto a otras organizaciones estaban trabajando en proyectos de extensión e investigación. También desde nuestra área trabajamos con merenderos. Pero es importante aclarar que no se crea la organización social de un día para el otro, pero en 2002 estaba la sensación de que “todos nos caemos”. Había gente que de alguna manera dejaba de estar en el mundo, esto quiere decir que había personas sin redes a las que recurrir cuando no tenían para comer.

Recuerdo aquella noticia en la que los niños comían pasto los fines de semana que no iban al comedor de la escuela. En los proyectos trabajábamos junto a estudiantes de nutrición y dietética, y por ejemplo a los comedores se les daba leche en polvo pero lo preparaban mal. Para hacerla rendir la diluían, y eso generaba el efecto contrario al deseado, que era fortalecer a los niños.

La gente de la facultad de agronomía ayudó a difundir las ideas de plantar, consumir vegetales, cómo hacerlo… Y volvimos a los boniatos, las lentejas, el gofio. Además estaba aquella historia de la contaminación con plomo de los cultivos y el agua.

Creo que lo más complicado de la crisis es que así como los procesos no se formaron de un día para el otro, tampoco se recuperan de un día para el otro. Lo que significa para alguien cocinar en su casa, algo que nos resulta cotidiano, hubo gente que no lo podía hacer en la crisis, que comía en comedores y sentía mucha vergüenza por eso.

F.V:- Hay algo que quiero puntualizar, en Argentina frente a la misma situación las reacciones sociales fueron totalmente distintas. Se hicieron piquetes, destruyeron y saquearon locales comerciales, se mataron entre ellos y no sé si algo más. ¿Por qué acá no?

C.Z:- Acá fue diferente el valor de las organizaciones  nivel territorial así como el rol de AEBU y del PIT.CNT. Cuando digo organizaciones me refiero desde el merendero del barrio hasta los grandes grupos políticos.

Si comparamos Argentina y Uruguay lo que podemos ver es que los políticos jugaron papeles distintos. En Argentina se mucho más “el político carroñero” y es una estrategia, ser un poco desleal sobre todo cuando el sistema político no está tan institucionalizado.

D.B:- La frase “que se vayan todos”, acá n ose dijo nunca, a pesar de la poca confianza en el sistema político. A veces pasa que se convive con realidades que generan conflictos a futuro y se lleva con calma hasta que pasa algo. Por ejemplo esto se dio con los hermanos Peirano y el quiebre de los bancos.

Todo lo que se vivió a nivel  de desintegración familiar y  pérdida de empleo realmente marcaron un antes y un después. Pero en aquel momento surgieron determinados valores a partir de la urgencia. Y las consecuencias, lo remesones se miden en los cultural. ¿Qué tan lejos están de nuestra mente aquellas urgencias del 2002?

Lo que nos quedó

A.G:- En aquel entonces se dio una transformación de las organizaciones sociales y vecinales, de las comisiones fomento, entre otras que eran pequeñas y tenían asignadas determinadas tareas. De repente pasaron a tener un merendero, un club juvenil, etc. Eso significó recibir fondos del Estado contratar personal y un gran trabajo de organización.

Una vez finalizada esta etapa no les era posible volver a sus papeles anteriores, en los años siguientes, no podían decirles a los chiquilines “no vengan más”. Sin embargo sistemas como el trueque no siguieron funcionando, porque todos querían volver a la normalidad, salir de la situación de crisis.

F.V:- El sistema político dejó de lado las rencillas para que primara el bien general, el uruguayo demostró una gran cohesión social… esas son cosas importantes que nos quedan. Sin embargo, la desconfianza hacia el sistema bancario persiste hasta hoy más de diez años después.

C.Z:- También hay consecuencias invisibles. Los trastornos mentales, manicomios llenos, y las presiones sociales. En el 2002 no se podía prever la magnitud de este tipo de consecuencias en los años siguientes, creo que aún hoy no nos damos cuenta.

Lis Perez:- En aquel momento los ahorristas tenían más presencia mediática que los deudores. Si bien había pequeños ahorristas que perdieron su dinero, había también grandes ahorristas que incluso hacían transacciones con las Islas Caimán, estos especularon con la crisis. Esto es algo que no está lo suficientemente estudiado aún.

A.G:- Es muy importante habernos situado de esta forma para entender el contexto. En relación a esto se ha generado cierta preocupación por lo que se viene dentro de la región en ese sentido. Llamémosle liberalismo, neo liberalismo, no importa… esos procesos generaron mucho deterioro. Hay algunas cosas que se trataron de revertir pero no se puede, porque el deterioro social se va transformando y cuesta muchísimo trabajo solucionarlo.

Tenemos que aprender de estas experiencias, para que luego cuando nos enfrentemos a un montón de cosas que parece salieran de la nada, podamos mirar hacia atrás estos procesos e incorporar lo aprendido.