Amazon Go

Ahorrar tiempo ¿Para qué?

Quienes ya peinamos canas (o nos las pintamos,  qué más da), asistimos a la lenta defunción de los almacenes de barrio, al crecimiento desmedido del supermercadismo, a la decadencia de 18 de julio como principal lugar de compras ante el surgimiento  de los shoppings, y a muchas cosas más que no vienen a cuento ahora. Por lo tanto, tomen esta información como de quién viene, una persona que se ha tenido que adaptar a marchas forzadas, a utilizar nuevas tecnologías y nada más, ninguna experta.

Pero nos concentraremos en eso: en la forma de comprar y de pagar. Pasamos de la libreta en el almacén, de los judíos que vendían a domicilio ropa, telas, alfombras y pasaban a cobrar a principios de mes, de los “créditos de la casa”… a los códigos digitados a mano, a los códigos de barras,  a las tarjetas de crédito (mi hermana trabajaba en un banco, y fuimos unas pioneras: había un par de tiendas que aceptaban tarjeta en todo Montevideo –año 1983-); hasta hace  poco para aprobar una transacción  de una tarjeta se pedía autorización a una central por teléfono. Y de golpe tenemos más tarjetas de las que podemos (o debemos) usar, estamos metidos de lleno en el  débito, en la banca on-line  y como quien no quiere la cosa empezamos a hacer alguna comprita por internet.

Y ahora resulta que Amazon tiene en Seattle, lugar de su sede central, una tienda física, pero en la que no hay cajeros.

Según cuenta la gente de Amazon hace cuatro años se preguntaron: ¿Qué tal si creamos una experiencia de compras sin colas y sin caja? Y bueno: lo lograron. Para ello, utilizaron los mismos tipos de tecnologías utilizadas en automóviles sin conductor,  algoritmos para visión, etc.

Lo novedoso –y en lo que hacen énfasis- es que no hay que hacer colas: sólo hay que usar la Amazon Go app, tener  }una cuenta en Amazon y un Smartphone. La tecnología Just Walk Out detecta automáticamente cuándo los productos se toman  o se  devuelven a los estantes y los pone en un carrito virtual. Cuando se termina de hacer las  compras, el cliente simplemente se va.  Poco después, se carga el importe en su cuenta de Amazon y le envían un recibo.

Se entra a la tienda, se eligen  los productos y afuera.  Nada de cajas, nada de cajeros.  Parece que el tema de no esperar, de no perder tiempo, es vital. ¿Tan apurados están, estamos? Evidentemente, y por lo menos en Estados Unidos, sí. Este tipo de iniciativas son testeadas y la comunicación resalta una y otra vez  ausencia de colas y de check-out.

En el local se ofrecen desayunos, almuerzos, cenas y comidas hechas en el día –según Amazon- por los chef que –aseguran- tienen en el lugar (¡algún humano hay!). Por supuesto también van a estar las marcas más conocidas y si el cliente quiere hacerse un plato (rápido, of course) en casa, puede llevarse uno de los packs diseñados por los chef con todos los ingredientes para hacer una comida para dos en 30 minutos.

De momento funciona en modo de prueba  (fase Beta), y sólo pueden comprar en ella los empleados de Amazon. Pero aseguran que para 2017 van a empezar a abrir tiendas para todo el público. Y de paso te invitan a registrarte –¡Ya, ahora mismo!- para que te avisen  cuando se abran las tiendas para  todos los mortales.

Y es así señores. El tiempo pasa y cada vez vale más (no tengo claro si para trabajar más, para divertirse o para emplearlo en los embotellamientos); y los trabajos desaparecen, o cambian.  Adiós a las cajeras y cajeros; unos simpáticos, otros mal encarados. Ese es el principal problema que parece plantear este sistema. Si prospera, se perderán miles de puestos de trabajo, y eso no es chiste. Si Usted va a USA, verá que la mayoría de los empleados de supermercados y lugares de comida, mal remunerados, son inmigrantes (¡ni que lo hubieran hecho a medida para Trump!).

Con respecto a Uruguay, todavía andamos en vueltas con Uber, así que cuando llegue esto, si es que llega (antes demoraban decenios en llegar muchas cosas: algo ha cambiado, aunque sigue sucediendo, sobre todo en costumbres civilizadas), ya veremos los piquetes en las puertas de los supermercados. No va a ser fácil. Pero algo que les puedo decir es que a todo se acostumbra uno.