Puede que en Uruguay se  conozca poco a Eduardo Mendoza. En mi caso, conozco sus  libros desde hace años, seguramente por haber vivido en Barcelona. Son todos buenos, pero en particular me parecen memorables los que son considerados parte “menor” de su obra.

Eduardo Mendoza publicó su primera novela a los 31 años, y fue un éxito rotundo. La verdad sobre el caso Savolta, un fresco sobre  las luchas sociales en la Barcelona de principios del S XX,  es considerada por muchos como  la novela de la transición, y una de las mejores primeras novelas de los escritores españoles.   Difícil lo tenía para superarse. Pero lo hizo. Decidió, en un cambio de registro genial, iniciar una serie protagonizada por un interno de un manicomio.

Esta serie está claramente inspirada en la novela negra, pero con elementos de la  picaresca  española que la hacen tan original.  Tiene todos los ingredientes del género negro: hay un detective perdedor, sentimental, cínico (en este caso un interno de un manicomio devenido detective), que es convocado u obligado a  resolver un caso en apariencia sencillo, con escasísimos recursos, y que siempre es más complicado de lo que le dicen,  y por supuesto, hay una mujer fatal. Lo que diferencia a estos libros de la novela negra clásica -y ahí está la genialidad de Mendoza-  es que son libros que hacen reír. Y es muy difícil hacer reír con letra impresa; piensen ustedes cuántas veces se han reído leyendo (uno se siente un poco loco aguantando la risa o largando la carcajada con un libro, pero es genial).

Para dar una idea de por dónde van las historias, el protagonista de estos libros es un residente habitual de un manicomio, se considera a sí mismo muy a su pesar un marginado de la sociedad y un poco delincuente, y como tal es tratado por el temible Dr. Sugrañes (director del Hospital), el amenazante comisario Flores –que sabe que lo tiene en sus manos y se lo hace saber- y toda una galería de personajes de los bajos fondos (la hermana del protagonista es inolvidable), todo esto matizado con el trasfondo de la transición española, el destape, la arbitrariedad que todavía permanece en la policía y la miseria de este personaje inefable. El texto está  narrado en primera persona y con giros locales y arcaísmos que le dan aún más color a la historia.

Personalmente, si alguien que no es muy afecto a la lectura me pregunta por un libro, si tiene ganas de leer algo, le recomiendo cualquiera de esta serie. Puede que no se hagan grandes lectores, pero por lo menos verán que leer es –también- divertido.

De esta serie hasta ahora se han publicado:  El misterio de la Cripta Embrujada, el Laberinto de las aceitunas , La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida y el Misterio de la novia extraviada. También en otro tono (la parte “seria” de su obra), se destaca La Ciudad de los Prodigios, un retrato  de la evolución de la ciudad de Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929.

“Folletón confuso y estúpido”. Esto dice, exactamente, lo que escribió el triste y olvidado censor el 14 de septiembre de 1973 en su informe sobre La Verdad Sobre El Caso Savolta.

Hace pocos días,  le dieron el Cervantes. Un premio justo a quién en cada una de sus obras rinde un talentoso y divertido homenaje al autor del Quijote, y le hace un  quiebre de mangas a solemnes y a  autoritarios.

Sobre el autor

Nació en 1943 en Barcelona.  Después de licenciarse en Derecho en 1965, viaja por Europa y al año siguiente consigue una beca en Londres para estudiar Sociología. A su regreso en 1967 ejerce la abogacía en la asesoría jurídica del Banco Condall, que abandona en 1973 para irse a Nueva York como traductor de la ONU. Varias de sus novelas han sido llevadas al cine.

Ha recibido, entre otros,  los siguientes premios: Franz Kafka, Planeta, Medici y Fundación José Manuel Lara