El calor siempre nos abraza cuando los calendarios se renuevan. Se va el 2016 y no ha pasado como un año más, sobre todo cuando ponemos el ojo en la música occidental. Ese arte puede captar nuestra atención en cualquier momento, basta con que la canción o pasaje sonoro tenga “eso” que la haga especial. En ese sentido varios forjadores de sonidos han dejado este mundo material en el último tiempo. La lista puede ir más allá de una terna, pero propongo iniciar el repaso con dos despedidas ocurridas en el primer semestre del 2016: David Bowie y Prince.

Estos hombres desde ambos lados del Atlántico, a su manera y con sus virtudes, dejaron su marca personal e infinita en el mundo. Bowie, quizá la pérdida más grande, es una piedra fundamental en las artes, principalmente la música. Desde el mítico y místico año 1967 Bowie salió a la luz con su música y no paró más. Generando golazos en varios momentos de su era, siendo los 70 un momento de fulgor para el inmenso Bowie, una época que lo vió cantar, escribir, dirigir y actuar.

Su trilogía alemana, una serie de discos generados en Berlín, junto al excelso productor Brian Eno (ex Roxy Music) resultaron ser uno de sus grandes aciertos en la búsqueda de un sonido que siempre llama pero que nunca es fácil. Sus personajes Ziggy Stardust, Aladdin Sane o El Duque Blanco fueron también tiros ganadores, en una trayectoria que finalizó a la altura de su propio nombre con la “Estrella Negra”.

Blackstar(2016) es una obra a la vieja escuela: un mensaje intencionado con acciones directas, como por ejemplo los conmovedores audiovisuales o videoclips que acompañan al último trabajo sonoro del magistral David Bowie. Su sombra alcanza hasta los más vanguardistas, porque el mismo Bowie fue un nato rupturista. Prince seguramente haya bebido de las aguas de discos como Low(1973) o Hunky Dory(1970), para luego poder construir un universo desafiante y propio con sus seis cuerdas como arma letal.

Sus virtudes al frente de la guitarra se pueden adquirir escuchando por ejemplo Sign O’ Times(1987), un arcoiris de estilos que Prince nos presenta en una muestra de diferentes sabores sonoros, basta sino tomar “The Cross” y/o “Housequake” para asentir lo que propongo. El funk fue una gran raíz que tomó este “Hombre Púrpura” para seguir su camino. Dentro de ese género, en nuestra región, tenemos al hijo del gigante Luis Alberto Spinetta, Dante, quien frente a IKV supo romper todo en los 90, y que ahora regresó junto a Emma Horvilleur, con quien profundizan y testifican en sus canciones el amor al autor de “When Doves Cry”.

La conexión entre Prince y Dante fue gracias a su hermana Cata: “De chico yo escuchaba a Michael Jackson, sabía que Prince era un grosso, pero todavía no entendía nada, en realidad. Cuando cumplí los 14 le saqué a Cata de la repisa [Sign O Times] y me voló la cabeza. Se convirtió en el soundtrack de mi adolescencia”. El disco 1999 (1982) también es otro punto altísimo dentro de los trabajos de Prince. Allí se encarga de armar un futuro apocalíptico donde solo el sexo será la salvación, todo adobado del rock funk con más onda de la vuelta. Su despedida tuvo coherencia con sus modos de obrar. La muerte lo encontró en su estancia-hogar-estudio, ubicada en Minneapolis, un lugar conservador donde las propuestas de Prince eran chocantes, sobre todo en el comienzo de su carrera.

Continuando con este repaso debo citar a George Michael, quien murió hace muy poco tiempo y su fallecimiento generó congoja en muchas personas alrededor del mundo. Desde el grupo Wham, George Michael inició una carrera que luego, ya en modo solista, generó el vibrante “Faith”. Recuerdo aún la alegría que me despertaba reconocer en la radio dicho tema musical. La onda positiva de la canción generó una empatía desde la primer escucha, ahora siempre que me cruzo con “Faith” doy gracias a la música. Otro punto alto de George Michael que quiero remarcar tiene lugar y tiempo. El viejo estadio de Wembley a la noche, allí se está llevando un homenaje a Freddie Mercury y George Michael al frente de la música de Queen, hacía una versión inolvidable de “Somebody to love”, la TV mostró ese recital que también contó con Axl Rose y Elton John entre otros.

Por último la figura de Leonard Cohen fue otro emblema que nos dejó. En este lugar hemos dedicado caracteres a la carrera de Cohen http://lmental.info/2016/11/el-futuro/ , una trayectoria de idas y vueltas, de poemas y canciones. Cohen desde Canadá supo generar fieles sonoros a lo largo y ancho del mundo. Al igual que David Bowie generó una obra de cierre a su carrera con You Want It Darker (2016), según el propio Cohen en palabras de su hijo: “Sentía que había grabado lo que él sentía era uno de sus mejores discos”.