El panorama en el fútbol sigue propiciando campo libre para que los lugares comunes galopen a piacere. Cada vez que se producen hechos de violencia en alguna cancha o el Estadio Centenario, el deporte más masivo de nuestro país se ve inundado por los discursos poéticos-dramáticos de los periodistas deportivos que en su mayoría más o menos dicen lo mismo: “Nos están ganando los violentos”, “La familia tiene que poder volver al fútbol”, “Esos no son hinchas, son delincuentes”, etc. Pero con la última seguidilla de hechos de violencia que ha tenido lugar en el fútbol en estos días, los relatores y comentaristas casi que se han sentido literatos o dramaturgos.  Por supuesto no faltan aquellos que se quejan de la ausencia de las fuerzas del orden en las tribunas; ahora a los políticos oportunistas de la oposición se les han sumado los periodistas deportivos. Algunos como Alberto Sonsol, Federico Buysán, Juan Carlos Scelza, Jorge Da Silveira o Pablo Londinsky, son el vivo ejemplo de aquellos que actúan como lo que admiten no ser; sus discursos —o sermones— casi siempre comienzan con un “Yo no soy un experto en seguridad. (…)”, pero inevitablemente terminan opinando como si lo fueran. Muchas veces resulta difícil no percibir en sus comentarios una sutil bajada de línea en sincronía con algún partido de la oposición. Al igual que algunos políticos como Luis Lacalle Pou, Edgardo Novick, Pedro Bordaberry, Pablo Mieres y Germán Cardoso cuando critican la ausencia de la Policía en las tribunas, los relatores y comentaristas coinciden con esos políticos en la necesidad de tomar como referencia el “ejemplo inglés. Pero tanto unos como otros demuestran una gran ignorancia al declarar, pues muchas de las medidas que utilizó la Policía inglesa ya están siendo aplicadas en nuestro fútbol; por ejemplo, la no presencia policial en las tribunas.

Estas sí, estas no

Hay medidas utilizadas en Inglaterra que son virtualmente imposible de trasladar a nuestro país; por ejemplo, suspender o multar  a una empresa de transporte —terrestre, aéreo o marítimo— si se comprobara que barras bravas las utilizaron para movilizarse hacia los estadios, o a los propietarios de bares, pubs o cualquier otro local comercial que permita la reunión de personas, en los que se constatara la presencia de hinchas violentos.

Tampoco parecen muy factible en Uruguay medidas como aumentar significativamente  el precio de las entradas, o colocar pantallas gigantes en algunos lugares para que los simpatizantes más revoltosos de los clubes de la liga uruguaya, concurran allí a mirar los partidos en lugar de hacerlo a la cancha o estadio.

En lo referente a las medidas del ejemplo inglés que ya fueron o están siendo aplicadas en el fútbol de nuestro país, hace tiempo que en las barras bravas se han infiltrado agentes policiales; como consecuencia de esta medida y con la intervención de teléfonos y la actuación de los agentes infiltrados, en estos días se concretó el procesamiento con prisión de cinco barras bravas.

Si no hubiera existido la presión política, mediática y social, quizás esos agentes podrían haber continuado infiltrados operando un tiempo más, y recolectar información acerca esde otros delincuentes que operan en la barra brava de Peñarol.

Esta investigación confirmó algunas verdades a gritos, como que los dirigentes de esa institución entregaban entradas a algunos de estos barras bravas —algo que los primeros negaban firmemente—. También se descubrió que los dirigentes eran extorsionados y amenazados; en el caso de los jugadores sólo amenazados. Tanto a los primeros como a los segundos, los barra brava les exigían entradas, dinero y hasta artefactos pirotécnicos. ¿Alguien de verdad piensa que Diego Forlán se fue de Peñarol por razones deportivas? Recordemos que fue Forlán el primer jugador de quien se hizo pública su negativa a colaborar económicamente con los hinchas de la barra brava. Esto le costó que algunos integrantes de la barra lo silbaran durante algunos partidos. Evidentemente luego de coronarse campeón con Peñarol, Forlán decidió que no necesitaba soportar esos malos momentos y dejó entonces el club.

Otra medida utilizada en Inglaterra que también hace tiempo se hace viene implementado en nuestro fútbol, es que aquellos procesados por actos violentos en el ámbito de nuestro deporte principal, deban presentarse en una dependencia policial una determinada cantidad de horas antes del partido que dispute el equipo con el cual simpatizan, y permanecer allí hasta que finalice el encuentro.

Las cámaras de seguridad con reconocimiento facial y base de datos de gente con antecedentes, que durante tanto tiempo reclamó a la AUF el ministerio, tuvieron un rol determinante en derrotar a los hooligans.

El fútbol no es la continuación de la política por otros medios

La politización de la seguridad en el fútbol —y en general— no hace otra cosa que trivializar la discusión, y en ocasiones deja en falso a los políticos opositores. Un ejemplo de esto fue Edgardo Novick hace sólo un par días, cuando ante la pregunta de un periodista sobre qué habría que hacer para detener la violencia en el fútbol, mostrando el lado conservador que se esfuerza por ocultar respondió: “¡Hay que reprimir, hay que reprimir!”

Otra muestra de las consecuencias de politizar el tema de la violencia en el fútbol son las recientes declaraciones de Luis Lacalle Pou la semana pasada, afirmando que el Estado debería ocuparse de algunos temas como “la protección de la gente que quiere ir a un espectáculo público, como es un partido de fútbol”. ¿Cómo puede ser que todavía el líder nacionalista no haya entendido que un partido de fútbol es un espectáculo privado? ¿Por qué se debería desviar recursos humanos y del Estado hacia un evento que nada tiene que ver con éste? La Policía no tiene nada que hacer dentro de un estadio. Supongamos que para un acto de celebración del Frente Amplio se asignan algunos policías para encargarse del control de la seguridad en ese evento, ¿las quejas de la oposición no serían —y con razón— interminables? Los actos de celebración del partido de gobierno al igual que los de los otros partidos, son gratuitos. O sea que en ese sentido esos eventos son mucho más “públicos” que un encuentro de fútbol.

Si cada vez que opinan sobre la seguridad en nuestro deporte principal, los periodistas deportivos reconocen no ser expertos en la materia, ¿por qué sistemáticamente contradicen a quienes sí lo son? Porque convengamos que la no participación de la Policía en un espectáculo privado no sólo es defendida por el Ministerio del Interior, sino también por el fiscal de Corte, Jorge Díaz, y por el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Pérez Manrique.

No todos los jueces deben cobrar al grito

Afortunadamente, el hincha de Peñarol que arrojó la garrafa fue procesado con firmeza. Sin embargo, antes y después de ser arrojada la garrafa y casi desde el mismo lugar, otros integrantes de la barra brava lanzaron dos cajones en los que se cargan botellas de refresco o cerveza. Esos cajones son de un plástico duro y pesarán aproximadamente 2 kilos. Aunque su peso fuera la mitad, esos objetos arrojados desde esa altura perfectamente podrían causar un traumatismo grave, la pérdida de un ojo o incluso de una vida; por suerte no fue el caso, ya que estos elementos cayeron encima de los escudos de los policías. Hasta el momento no he escuchado que hayan sido detenidos y mucho menos procesados los dos barra bravas que arrojaron los cajones, —y que son más fáciles de identificar que quien arrojó la garrafa—.¿Es necesario que la sociedad reclame a gritos que se proceda a llevar a la Justicia a quienes arrojaron esos objetos? ¿Tendrían que haber golpeado a alguien como ocurrió con la garrafa para que se reparara en la gravedad de tal acción?

Los políticos desenfocados

Con su persecución a Bonomi a través de críticas manchadas de motivaciones políticas y reclamando su destitución, los opositores no advierten hechos que de verdad hubieran merecido una firme condena de su parte. Por ejemplo, que el presidente de la república hablando desde España, diera sutilmente indicaciones a la Justicia respecto a la severidad con que ésta debería juzgar a los violentos detenidos.

Se puede estar 100% de acuerdo con lo que dijo Vázquez, pero es totalmente inaceptable que el representante más importante del Poder Ejecutivo, interfiera — aunque sea con unas pocas palabras a la distancia y de forma coincidente con la enorme mayoría de los uruguayos— con la toma de decisiones que corresponden únicamente al Poder Judicial.

Aunque la intromisión de Vázquez en asuntos que son potestad de la Justicia no haya sido de una gravedad extrema, es indudable que se configuró una violación de la separación de poderes. Pero claro, casi ningún político de la oposición —ni tampoco escuché a periodistas reflexionando sobre el hecho— reparó en tal  violación.

Lamentablemente, tanto Vázquez desde España como Bonomi desde nuestro país, han estado estos últimos días amagando con posibles cambios en los operativos de seguridad en el fútbol —léase presencia policial en las tribunas—. Y si decimos “lamentablemente”, se debe a que si el Ministerio del Interior está convencido de las medidas que conforman su estrategia —como el no ingreso de la Policía al Estadio—, debería continuar con ella y no cambiarla a pesar de la presión social o mediática, y eso parece ser lo que puede llegar a acontecer dentro de unos días; aún cuando la estrategia del Ministerio del Interior para la violencia en el fútbol coincida en varios puntos con el tan mentado ejemplo inglés.

De concretarse esos cambios, el ministro Bonomi sí debería dar un paso al costado; sería inaceptable que resignara a su propia política de seguridad para llevar adelante la de otro.