Un proyecto empresarial de cualquier tipo es siempre un desafío; más en un país como Uruguay, donde el mercado de consumidores potenciales es bastante acotado. Pero a pesar de ello, hace 26 años Edmundo Canalda fundó Fin de Siglo, una de las editoriales nacionales más exitosas y vigentes; probablemente la que en los últimos años ha publicado mayor cantidad de títulos nacionales con sus consecuentes —en muchos casos— numerosas reediciones.    Lo interesante es la combinación que Canalda consiguió entre dos de sus pasiones: literatura y matemáticas —aunque tal vez sea más apropiado hablar de contabilidad—. Esto le ha permitido aplicar en su editorial una lógica empresarial, sin descuidar la faceta cultural. La combinación de estos dos aspectos ha convertido a su empresa en un negocio sustentable.

El primer libro publicado por Fin de Siglo fue Naná. Punta del Este, la noche de los 500 amores, de Carlos Maggi. Canalda y el reconocido historiador, escritor y periodista —fallecido en 2015— mantuvieron una cercana amistad a lo largo de los años; así lo expresa el propietario y editor de Fin de Siglo.  Según Canalda, las tres primeras ediciones de ese libro permitieron pagar deudas previas. Pero una vez puesta a la venta la cuarta edición, se dio cuenta de que existía un mercado para una editorial nacional. El tercer título publicado por Fin de Siglo fue La locura uruguaya, libro que con sus 40 mil ejemplares —una cifra altísima para el mercado local— figuró durante mucho tiempo entre los más vendidos.  Al día de hoy, Fin de Siglo tiene más de 800 títulos publicados.

Como es obvio, la editorial de Canalda ha tenido que hacer frente a la competencia. Cuando ésta consiste en otras editoriales nacionales la situación es más simple, ya que los recursos que éstas manejan son más o menos los mismos que los que de Fin de Siglo. El desafío mayor se encuentra en las editoriales internacionales. Algunos autores uruguayos han dejado de publicar en Fin de Siglo, ya que sellos internacionales como Planeta les ofrecen una importante suma de adelanto y les prometen que su obra será difundida internacionalmente. Sin embargo, según Canalda esto rara vez acontece. Por otra parte, también hay autores que escuchan el consejo del editor uruguayo, y debido a sus argumentos deciden continuar publicando en Fin de Siglo.   En 2011, el fundador de Fin de Siglo —y cofundador de Mate Amargo—  comentaba acerca de la explosión de libros sobre los Tupamaros, que ese masivo interés acerca de la historia del MLN se debía a que años antes “no se podía hablar”, ya que hacerlo significaba ser detenido. Pero una vez recuperada la democracia la publicación de libros sobre esa temática se disparó en exceso. Canalda consideraba entonces que esa tendencia estaba llegando irremediablemente a su fin.

Lógicamente no contaba con la popularidad que a nivel mundial alcanzaría quien él define como “este bicho extraordinario que es Mujica”. A este respecto, Canalda destaca la biografía Mujica, escrita por Miguel Ángel Campodónico y publicada por Fin de Siglo en 1999. Ese título significó otro de los éxitos de la editorial, y aún hoy más de diez años después y con aproximadamente dieciocho reediciones, continúa comercializándose habiendo alcanzando la nada despreciable cifra para el mercado interno de casi 22 mil ejemplares vendidos. Canalda comenta que recientemente, los derechos de Mujica fueron comprados por una editorial de Corea del Sur, la cual está editando dos versiones del libro: una para adultos y otra para niños.

En lo referente a los títulos que se editan en Fin de Siglo, Canalda explica: “Aquí en la editorial hay que hacer un equilibrio bastante delicado, entre libros que son excelentes aunque se vendan poco, libros que son excelentes y eso es maravilloso, y libros que no son tan excelentes pero que se venden. Es un equilibrio muy difícil”. En ese sentido, Canalda no le otorga importancia a la antipatía que pueda sentir hacia un autor o autora, pero sí tiene límites que determinan que libros de ciertos temas, no se publiquen en Fin de Siglo.  A modo de ejemplo, menciona el caso de un autor —del que prefiere no revelar su nombre— relativamente exitoso con los libros que escribía. Pero en cierta ocasión, el escritor le presentó a Canalda un material mayormente obtenido de actas de torturas de presos políticos, sin confirmación ni verificación de los datos obtenidos únicamente de esas fuentes de valor relativo —según el fundador de Fin de Siglo—. Ese material incluía solamente declaraciones hechas —supuestamente— por parte de presos políticos durante las sesiones de tortura, que el autor aceptó ciegamente como ciertas. Canalda se negó a publicar esas declaraciones ya que a su entender hacerlo era algo inmoral, pues aun cuando fueran ciertas sería algo muy cruel publicarlas.  Para el fundador de Fin de Siglo, “hay un hecho que es muy innoble y es que, quien hace esa declaración ya no es más la persona anterior. La persona que conocía secretos es una persona, el torturado ya es un despojo. No es la misma persona”. Por eso motivo, Canalda considera muy injusto y degradante mostrar esa parte de alguien cuando ya dejó de ser la persona que era. A aquellas víctimas de la tortura no se les puede recriminar “haber cantado”. Sostiene que si bien es verdad que los torturados heroicos —aquellos que a pesar de ser atormentados no develaron los secretos por los que eran martirizados— existieron, son más que nada un material publicitario. En sus palabras, “los héroes de la tortura son pocos, porque en general el que llega a ese proceso termina siendo un despojo humano”.   Luego de esa experiencia, y a pesar de llevarse muy bien a nivel personal con el autor a quien ya había publicado con cierto éxito, cuando éste le presentó ese material moralmente condenable —desde el punto de vista de Canalda—, el experimentado editor decidió no volver a publicar más a ese ese escritor.

Paradójicamente, Fin de Siglo publicó el libro escrito por un torturador durante la última dictadura uruguaya, que a través de sus revelaciones buscaba en cierta forma pedir perdón y expiar sus culpas. El autor en cuestión era Jorge Troccoli, capitán retirado de navío —en la actualidad preso en Roma, luego de ser detenido por Interpol en Salerno donde residía—  y hoy enfrenta cargos ante la Justicia de ese país por el asesinato de cuatro ciudadanos italianos en el marco del Plan Cóndor.  El motivo de Canalda para aceptar publicar el libro de Troccoli, es porque en el mismo “él claramente mostraba su repugnancia y su aversión a lo que él mismo había hecho (…)”. Según el fundador de Fin de Siglo, la explicación de Troccoli para que le publicara su libro le pareció sincera, y el libro del ex torturador “era claramente un alegato contra la tortura y la violencia”. Según Canalda, a diferencia de otros militares que todavía hoy siguen reivindicando el uso de la tortura durante la dictadura, Troccoli claramente renegaba de eso ya que planteaba que “la gente se ‘animalizaba’”. Y agrega que según el capitán de navío retirado, “el torturador se animalizaba y se perdían no ya los puntos de referencia, sino que se perdía la calidad humana”. El libro en cuestión es La hora del depredador, publicado en Fin de Siglo en 1997.

A pesar de que Uruguay es un mercado chico, algunas editoriales nacionales se mantienen y otras sobreviven. El caso de Fin de Siglo —sin menospreciar el de Banda Oriental—, es uno de los más interesantes debido a la visión economicista de su fundador, quien además del carácter romántico de la edición de libros no descuidó el aspecto económico; seguramente ese sea uno de los motivos por los que su emprendimiento editorial haya resultado exitoso.  A pesar de los logros alcanzados Canalda continúa trazándose nuevos objetivos por concretar. Uno de los que considera más importantes es lograr consolidar en la editorial una línea de narrativa de buena calidad, ya que si bien Fin de Siglo ha editado algunos libros de ese género, los títulos publicados han sido más bien de naturaleza política, biográfica o ensayística.