Cuando el DVD era gran novedad y veíamos con fascinantes ojos la nueva manera de ver cine en nuestras casas, soñábamos con nuestro living apoderado de un hometheatre y esos sonidos detallados como la imagen que nos invitaban a imaginar la noche del sábado junto a otros amigos que quisieran fascinarse de igual manera.

Mi abuela me dio el dinero para adquirir este nuevo dispositivo y una vez adquirido fui hasta el videoclub del supermercado más cercano. Como si el mundo se hubiera detenido fui a alquilar tres dvds entre la poca diversidad que allí tenían. Me llevé una copia de El señor de los anillos: La Comunidad del Anillo, Rush Hour 2  y 25 Watts. En este orden que las menciono fueron vistas. En este órden se presentaba mi entusiasmo. Como si los refranes funcionaran siempre… la que rió último, rió mejor.

Esta breve reseña es para homenajear desde el recuerdo a la película que hasta ahora se mantiene como un ícono generacional, un despertar no tan consciente del cine uruguayo, un dúo de directores que lamentablemente nos ha durado poco.

Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, además de tocayos eran un dúo que parecía entenderse muy bien en la creación cinematográfica. Hoy, tras la huella que ha dejado el tiempo y las miradas con distancia, sus escenas constituyen situaciones de diálogos entre grupos de treintañeros que se juntan en algún bar montevideano a repetir y recordar la idiosincrasia juvenil. Hoy nos entendemos más gracias a su blanco y negro y las ganas de hacer para no vernos atrapados por las conductas del Leche (Daniel Hendler), Seba ‘El Marmota Chico’ (Alfonso Tort) y el Javi (Jorge Temponi),  tan tícamente uruguayas. Hoy disfrutamos jocosamente el humor de esa película. Hoy lo entendemos más porque hemos crecido con ella y valoramos la decisión estética de sus planos fijos y contrapicados, su montaje ‘a lo Raúl Perrone’, Los Mockers resucitando; hoy sabemos que esta película es un culto de aquella generación.

Cada vez se ven menos automóviles con autoparlantes pero si aparece uno, bromeamos con “fábrica de pastas Su Señoría y feliz domingo, familia”. Cuando vemos un blandengue recordamos a Roberto Suárez con su locura, diciendo; “Simón dice pegales, Simón dice patealos…”. Nos dan ganas de tocar timbres en las calles de Pocitos para gritarles “abran la cabeza burgueses”. El personaje de Gerardito, interpretado genialmente por Federico Veiroj, es una joya de nuestro humor epiléptico. Marmota Chico buscando una porno en esos videoclubs que ya no existen es algo que queremos actuar una y otra vez. Y como a esta película no hay escena que le sobre, vamos a rememorar incansablemente siempre que tengamos una campera de jean puesta sobre nuestro cuerpo, diciendo “Chopo, Chaqueta, Menchaca, Chicas…”

Esta película es para recordarnos que el cine nacional ha tenido, aunque de manera escasa, sus grandes hitos y por lo que el tiempo ha demostrado, esta raíz encuentra en 25 Watts su mayor exponente. En un país con problema de memoria, es bueno saber que recordar viene de recordis, que significa exactamente ‘volver a pasar por el corazón’. Si aún no han visto esta película y tienen ganas de enamorarse un poco más de lo que somos, esta generación hija de una calle vacía de milicos, es la oportunidad para hacerlo. Luego vendrá la reflexión acerca de nuestro cine, que pide el nacimiento de otro hito para otra generación, aunque eso ya es otra historia… porque 25 Watts se ha encargado muy bien de contar la suya.