Viajamos desde Montevideo a Buenos Aires vía Carmelo- Tigre. Para aquellos que no conozcan esta ruta de viaje hacia la Rep. Argentina se la recomendamos muy especialmente, ya que a través de ella pueden conocer parte del Delta del Paraná y obviamente ,viajando de día y con buen tiempo, termina convirtiéndose en un gran paseo a través de islotes con gran variedad de flora y de fauna.

Solo una empresa se encarga de cruzar el Río Uruguay y el Delta, para depositarnos en la localidad argentina a través de pequeñas embarcaciones o ferrys de línea que tienen dos frecuencias diarias.

Llegamos a las 17.00 hs de un domingo a Tigre y cumplimos el trámite de inmigración. Luego nos montamos al bus, que es opcional y coordinado previamente con la empresa, que te conduce directamente al microcentro porteño.

Habíamos arreglado para dormir en la casa de una entrañable amiga en Lomas de Zamora; por lo que debimos cambiar algo de plata a pesos argentinos y dirigirnos al sur del Gran Buenos Aires.

Esta vez Buenos Aires no nos agarró desprevenidos, ya que en visitas anteriores adquirimos la tarjeta SUBE y pudimos manejarnos con tranquilidad a través del transporte capitalino. Hoy en día es imposible moverse en Buenos Aires si uno no cuenta con esta tarjeta. Trenes, subtes y colectivos cuentan con lectores que debitan el costo del boleto a través de esta tarjeta previamente cargada en cualquier kiosko de la ciudad.

Yuly nos preparó una deliciosa cena en su casa para luego charlar largo y tendido sobre nuestras vidas y por supuesto, sobre el viaje; nos fuimos a dormir medio apretados y contentos después de tan lindo reencuentro.

Al otro día, habíamos quedado de almorzar con otras dos amigas argentinas que conocimos a través de nuestros cursos de meditación Vipassana. Así que el lunes nos levantamos bien temprano y nos dirigimos a la Ciudad de Buenos Aires nuevamente para almorzar con Lil y Alejandra. La cita era en algún punto medio entre Lomas y la Terminal de Retiro, desde donde abordariamos el bus que nos depositaría en Córdoba , nuestro primer destino.

Fue una mañana trabajada, las mochilas pesaban demasiado y si bien Ema había comprado un carro de mano para trasladar la suya por la ciudad, el transporte público y la lluvia no hicieron de esta ida a almorzar la mejor de las experiencias.

Buenos Aires es grande, ajetreada, con mucha densidad poblacional y emocional. Si a eso le sumamos nuestras mochilas y el día gris; podrán imaginar lo que eran nuestras caras.

La primera gran lectura del segundo día de viaje fue que nuestras mochilas estaban muy pesadas. La inexperiencia puede salir caro cuando estas viajando, y quienes pagarán el precio de esa inexperiencia serán nuestras espaldas.

Luego de almorzar con nuestras amigas, las “hadas madrinas”; tuvimos que hacer algunas “movidas” ineludibles para seguir camino. Chequear el tipo de cambio online, cambiar dólares por pesos argentinos, sacar los pasajes con el dinero recién cambiado y pensar que haríamos en el lapso de tiempo que teníamos entre la compra del pasaje y la salida del ómnibus hacia el centro de la república.

Por lo pronto, nuestra mayor preocupación era encontrar un lugar donde dejar nuestras mochilas para no tener que andar por Buenos Aires dando vueltas con ellas, sobre todo después de nuestra reciente experiencia matutina.

Para nuestra sorpresa en el mismo lugar donde compramos los pasajes nos permitieron dejar las mochilas. Así que partimos “livianitos” y contentos a resolver algunos detalles como la compra de una “bolsa de dormir” y la comida para el trayecto Buenos Aires – Córdoba, que si bien recién saldría por la noche; nosotros estábamos sin comer desde el mediodía. Y pequeño gran detalle en nuestro caso; somos vegetarianos. Por lo que no podíamos fiarnos de la “comida de a bordo” porque seguramente contendría algo o casi todo de carne.

La primera cuestión que pudimos resolver fue la bolsa de dormir. En Hipólito Irigoyen y 9 de Julio existe una tienda llamada Wildlife Sports, de Camping y Montañismo atendida por padre e hijo de 80 y 60 años respectivamente, que recomendamos ampliamente. A ellos les compramos una muy buena mochila a principios de año y nos atendieron excelente, por lo que no lo pensamos dos veces y nos dirigimos hacía allí a resolver nuestro tema.

Una vez hecha la compra nos quedaban las viandas para el viaje nocturno. También pudimos resolver con información de visitas anteriores. Cerca de Plaza de Mayo existe un almacén natural y restaurante vegetariano llamado Vita que nos “salvo la vida” con un menú exquisito y accesible. Nosotros en esta ocasión nos decidimos por dos sandwichs vegetarianos de Berenjena con Crema de Hongos. También compramos unas galletas de avena para el camino a Retiro y agua mineral para el viaje.

Nos quedaba algo de tiempo así que nos fuimos a una casa de cambio y por último a tomar un café en la calle Florida, donde nos relajamos un poco después de tanto ajetreo.

Buenos Aires es una ciudad hermosa, pero como tantas otras veces; nos cansa. Al final del día, con boleto en mano y con los deberes hechos, nos subimos al ómnibus; el cansancio era doble.

Literalmente tiramos nuestras mochilas en la bodega y subimos a tomar nuestros asientos semi-cama en estado de semi inconsciencia.

Córdoba nos esperaba.

El Consejo: No cargues demasiado tu espalda. En los viajes y en la vida. Nada vale la pena como para que su carga se convierta en una limitación.