Todos alguna vez, levantando la vista hacia un cielo de verano, nos dejamos seducir por los innumerables misterios que esconden las estrellas. Nos hemos fascinado con distancias y con destellos, con movimientos y oscuridades, con números e inmensidades; con posibilidades. Pero si hay algo que nos ha cautivado como pocas cosas, y que nos acompaña con su hechizo desde los tiempos en que la historia no era aún la historia, es el vacío: el silencio palpable que nos hace sentir solos. Al día de hoy, luego de 10.000 años de civilización, esta calma exasperante no ha cesado y aún seguimos sin saber si hay alguien allí afuera; sea quién sea y cómo sea que sea. Sin embargo, hay motivos para ser optimistas: desde hace dos días, todo indica que estamos algo más cerca de encontrar vecinos.

La búsqueda

Y es que más allá de las teorías conspirativas más disparatadas o más creíbles -que las hay, las hay-, o la reciente confusión en torno a una señal de radio captada desde el espacio por científicos rusos , la investigación de vida en el espacio se encuentra íntimamente ligada al hallazgo de condiciones que posibiliten el desarrollo de vida tal como la conocemos.

Lo más probable, afirman los científicos, es que los primeros seres extraterrestres con quienes tengamos contacto sean apenas formas primitivas de vida, más cercanas a las bacterias o a otro tipo de organismos unicelulares que a los humanoides infinitamente sabios, tan recurrentes en películas.

De todas formas, las noticias de avances constantes en estas búsquedas vienen poblando las tapas de los diarios desde hace algunos pocos años. No cuesta demasiado, por ejemplo, recordar la historia de vaivenes con el agua en Marte, siendo que desde apenas dos años atrás se cuenta con evidencia sólida que indica que hoy día existe agua líquida en el planeta rojo, a pesar de que aún esto no se ha podido comprobar. O la búsqueda aún más reciente de agua en cometas y lunas alrededor del sistema solar, llegándose al indicio sólido de que existen océanos de agua líquida en Encélado, satélite natural de Saturno .

Sin embargo, el hallazgo recurrente de exoplanetas es probablemente la apuesta más seria para el hallazgo de vida. Se trata de planetas que se encuentran fuera de nuestro sistema solar, aunque dentro de la vía láctea. De los más de 3500 exoplanetas conocidos, 1327 han sido hallados solamente en los últimos tres años, y del total, solo 10 calificados como potencialmente habitables; al menos hasta ahora.

El pasado miércoles, la investigación en este campo ha llegado a uno de sus puntos culmines tras el anuncio de la NASA del descubrimiento de un sistema planetario con exoplanetas potencialmente habitables.

El hallazgo

La estrella es Trappist-1, una enana roja fría con una masa diez veces menor que nuestro sol. Es el centro de un sistema planetario de siete exoplanetas, todos de un tamaño similar al de la tierra, a distancias de su estrella que permiten la formación de agua líquida, y siendo cuatro de ellos potencialmente habitables. Este sistema se sitúa a tan solo 39 años luz de la tierra y, debido a su relativa proximidad y al método por el cual se descubrió, es fácilmente investigable en comparación a otros, por lo cual podremos obtener más información y de forma relativamente rápida.

Los pasos a seguir para ello serán la búsqueda de atmósferas en los exoplanetas, así como la eventual identificación de gases que pudieran indicar condiciones similares a las terrestres, lo cual haría de estos exoplanetas los candidatos principales para el hallazgo de vida.

Quizás los únicos inconvenientes a los que se debe enfrentar la posibilidad de vida allí, son las altas radiaciones a las que se ven sometidos los exoplanetas debido a las cortas distancias que los separan de la estrella, o  una rotación más bien inexistente que presenta una sola cara de los planetas disponibles a la luz solar.

El futuro

¿Siglos, décadas, o años? Esa es la pregunta que prevalece en la comunidad científica. Todo indica que se encontrarán planetas habitables tarde o temprano, incluso vida, pero saber cuándo es también un asunto de cuidado.

Algunos proyectos, tan recientes como ambiciosos, nos dan la idea de que existe mucho esfuerzo y dinero detrás de estos objetivos, lo cual es señal de que las búsquedas son una necesidad real e inmediata y no meros caprichos de novedad.

Entre otros, el famoso físico Stephen Hawking es uno de los que advierte la necesidad de encontrar planetas habitables, así como comprobación de la existencia de vida extraterrestre, como única forma de sobrevivir para la humanidad. Para ello, se ha unido a Mark Zuckerberg y Yuri Milner con el objetivo de que en tan solo 20 años de viaje, poder alcanzar físicamente exoplanetas en Alfa Centauro, el sistema solar más cercano a la tierra. Otra ambiciosa propuesta es la de Elon Musk, quien en apenas cinco años pretende comenzar la colonización de marte, la cual nos llevará a ocupar el planeta rojo dentro de unos cuarenta o cien años a más tardar.

De una forma u otra, la exploración espacial en torno a estas temáticas se encuentra en su punto más emocionante, trayéndonos día a día noticias que nos muestran que asistimos a un presente tan trascendental como escurridizo a nuestras imaginaciones más disparatadas. Como simples observadores de este universo que nos va envolviendo con plazos cada vez más cortos, quizás la esperanza más deliciosa sea simplemente estar presentes, vivos, y como ahora, cuando los hitos que nos representan a todos como especie humana se siguen sucediendo. El futuro es éste; el vacío tiene sus días contados.