En 2002  era acérrima opositora de aquél gobierno liderado por Jorge Batlle.  Algunos recuerdos personales de los peores días de la crisis: vengo con mis hijos del colegio y mi cuñado me llama para que me encerrara porque bajaban hordas de la periferia; por ese motivo se movilizó la policía de tránsito a los barrios Borro y Casavalle para cortar las calles. Fue falsa alarma. No hubo hordas, pero sí saqueos el 31 de julio  y el 1° de agosto en Montevideo. Otra foto: cajeros rotos a pedradas, porque por unos días no daban dinero.  Se decretó un feriado  bancario que duraría 8 días, ya que no había dinero en las cuentas públicas, mientras el riesgo país se disparaba por encima de los 3000 puntos (en ese momento significaba EL dato).

Las consecuencias para la población (junto al partido de gobierno, que casi desapareció en la siguiente elección) fueron nefastas, y durarían varios años. Uno se olvida rápido, pero pasamos a consumir “marcas blancas”, buscar precios por todos lados, y a recortar seriamente (no había otra) el presupuesto. Por años nadie cambió el coche, y las propiedades bajaron estruendosamente. Y sí, desde entonces se alimentó la leyenda de que los niños comían pasto. Por mi parte recuerdo que los cortes de pulpa por mucho tiempo pasaron a ser un recuerdo.  Carne picada, y gracias.

En abril de 2002, el presidente Batlle  les dijo a sus parlamentarios: “(…) ni en la época de la tablita el Uruguay se vio enfrentando una situación tan dramática en el sector bancario (…)”. El 22 de abril del mismo año, Tabaré Vázquez dijo “(…) No quiero ser alarmista, pero si el sistema financiero de nuestro país está viviendo una crisis enorme, va a una crisis total de aquí a poquísimo tiempo, muy similar a lo que ha sucedido en Argentina”.

Batlle reunido con el economista Talvi decía: “¡Esto se va a la mierda! (…)”, “(…) ¡Me voy a tener que ir! (…)”, “(…) ¡Voy a tener que renunciar! (…)”. Al mismo tiempo el Partido Nacional le quitaba el apoyo al Ministro Bensión, que  finalmente dimitió.  Con la  salida de Bensión del ministerio la corrida se impulsó al máximo.

Aquel 24 de julio se designó al senador Alejandro Atchugarry  como ministro de Economía. Tengo entendido que aceptó a su pesar, no le interesaba estar en primera línea de la cosa pública. Lo que recuerdo de él y siempre me llamó la atención era el talante amable, la tranquilidad que lograba transmitir. Ese hombre flaco, con aspecto de enfermo, hablaba con una falta de crispación, una calma y una amabilidad natural que nunca más vi en ningún político.  Y estaba bailando con la más fea.  Fue sin duda ese talante –no sé llamarlo de otra manera- , y seguramente, una enorme capacidad, lo que ayudó a pilotear esa tremenda crisis, que finalmente se superó.

El país tiene una deuda enorme con este hombre que nos acaba de dejar. Los políticos pueden tomar notas de él para intentar pagarla.

Datos tomados de Paolillo, Claudio (2004). Con los días contadosEditorial Fin de Siglo.