TOMA II

Tras recorrer parte de su camino profesional, conocer algunos de sus tesoros de cinefilia más preciados, reflexionar acerca de la importancia de los acervos e introducirnos en una visión muy específica del cine y su puesta en escena, arribamos a algunas cuestiones un poco más detallistas y aprovechamos para seguir vinculando su pensamiento, su profesión y el cine que nos rodea, para cuestionarnos un poco algunas verdades que asumimos como dadas -en caso de que así lo permitiésemos-. El docente de lenguaje y análisis cinematográfico, escritor de crítica y revisor de la historia y la teoría de este séptimo arte, archivador de nombres y de anécdotas peculiares del detrás de escena, con postura retórica tajante, Pablo Ferré, va soltando algunas de las verdades en las que se afirma para seguir escalando en la reflexión como lo ha hecho por más de veinticinco años de profesión (él prefiere hablar de “oficio”). Se explaya a veinticuatro cuadros por segundo cuando lo toma la pasión y se muda a los dieciséis fotogramas cuando el silencio tiene que dejar lugar al ordenamiento y elección de las palabras. Deja esta charla su vértigo.

Respecto a lo que decís, con todo el auge de las series que está habiendo en este momento, ¿puede haber un cierto “corrimiento” o un peligro de que el lenguaje cinematográfico esté claudicando en función de guiones muy inteligentes?

Sí, eso es cierto. Ojo, yo miro series de televisión. No tengo nada en contra de las series de televisión, a pesar de que en una entrevista que apareció por ahí yo salgo diciendo que las series de televisión son como las drogas. No hay nada de malo con las series de televisión pero lo cierto es que no están inventando nada que no esté inventado. La gente dice; “hoy en día vivimos en el apogeo de las series de televisión” ¿Y en la época de Bonanza (1959-1973)? Lo que pasa que Bonanza era una serie primitiva, una serie que la miraban las abuelas –y yo cuando era chico la miraba también-. Ahora las series han ganado en inteligencia y sofisticación “intelectual”, y cuando uno dice que una serie es más inteligente en realidad lo que está diciendo es que el público que la mira se siente inteligente y sofisticado cuando la mira. Vos ves House of cards (Beau Willimon, 2013-…) y es apasionante porque es todo el burdel político de Estados Unidos, con sus manipulaciones y sus inquinas. O incluso ves una cosa que es diferente, como Vikingos (Michael Hirst, 2013- …), una serie de History Channel muy divertida, entre otras cosas porque actúan todos mal. Los actores son malos pero te divertís igual porque está bueno ver a los vikingos con sus naves…  Es como ver un pedacito de la historia, pero ni siquiera eso es original porque es lo que hacía Rossellini en la década del cincuenta y del sesenta cuando hacía televisión didáctica -lo que él llamaba televisión pedagógica– Hacía la vida de Sócrates o la vida de Cosme de Médici. Es decir, todo lo que hace la televisión viene de algún lado que el cine hizo antes. Y no nos olvidemos que las primeras formas de cine primitivas eran los seriales famosos: los de Louis Feuillade (Les vampires, 1915), por ejemplo, por nombrar solamente a uno. La serialidad fue creada en el cine. Lo que hace la televisión es tomar eso y así como los celulares –viste que tenés el de gama baja, gama media y gama alta-, ahora las series son de alta gama. Pero eso solamente vale para la gente que tiene Netflix, que no es la mayoría.

Que es una plataforma en sí misma…

Que es una plataforma en sí misma pero que además no tiene  nada que ver con el gusto popular. La gente que ve Netflix son los tipos como yo: son los tipos de clase media que tienen un poquito de plata –la suficiente, digamos- y cierta cultura para poder apreciar eso porque la gente que trabaja en el almacén de la esquina no tiene ni idea lo que es Netflix y no sabe lo que es House of cards. Miran otras cosas; miran C.S.I. en la tele abierta. Hay series de diverso tipo para diversos públicos. Me parece inexacto hablar de las series de televisión como si fueran algo homogéneo. Pero coincido bastante con eso que decías acerca del guion suplantando a la puesta en escena, porque si ves la puesta en escena de la mayoría de las series no son precisamente alardes de imaginación. No es que una sombra está en un rincón porque del otro lado hay algo oscuro…

Algo que está insinuando otra cosa…

No, para nada. Es simplemente el guion ilustrado. Está bárbaro, es apasionante, pero es cierto que la puesta en escena se achata por completo.

Recuerdo que uno de los capítulos más criticados de Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013) sucedía todo adentro de un laboratorio donde el protagonista intentaba atrapar una mosca, y en realidad fue de los capítulos más bellos de la serie porque era pura puesta en escena. Lo que pasa que la gran critica que se le dio a ese capítulo fue que no aportaba nada a la historia, porque era un tipo atrapando una mosca durante cuarenta minutos… ¿cómo ves esta situación?

Claro, porque no aportar nada a la historia debe de ser algo así como como no aportar nada al BPS, a la DGI, o no aportar nada a la Caja de Jubilación Profesional, ¿no? “No aporta nada a la historia”, es una muletilla.

¿El cine está corriendo cierto riesgo?

Muy frecuentemente en el cine te encontrás con escenas que “no aportan nada a la historia” pero son notables, y que sí aportan. No aportan desde el lado pragmático de aportar información sino que aportan otra cosa. Por lo pronto, una digresión.

Si fuera así, el cine de Éric Rohmer no tendría sentido…

¿Y el de John Ford, que se distrae siguiendo una diligencia, agarra una montaña, la diligencia se va y el tipo dice; “¡ay, me olvidé de la diligencia!”… y la diligencia se fue? Eso es un gesto cinematográfico y como tal tiene valor. Qué aporta y qué no aporta, qué sé yo… me importa un pepino.

Sabemos los que te conocemos un poco -y los que no te conocen tanto también saben- que John Ford es uno de tus grandes directores predilectos, que le tenés respeto y lo seguís mirando y lo seguís estudiando… ¿Qué encontrás en el cine de John Ford que no encontrás en el cine contemporáneo?

Todo ¿Qué encuentro en el cine de John Ford? El cine. Para mí John Ford es el cineasta más completo de todos. Es moderno y es clásico. Hizo lo que hicieron todos los grandes directores, a veces antes. Tiene momentos de narrativa y tiene momentos que no narra nada. Se queda mirando algo pensativamente. Tiene películas sin trama y películas con trama. Tiene películas con una historia fuerte y guionada y tiene películas que son libres como el viento y soplan para donde quieren. Tiene lirismo y emoción. Tiene contradicciones. Habla de todos los temas; habla de razas, de religiones, de Estados Unidos como lugar problemático. Habla de enfrentamientos entre el norte y el sur, de las divisiones, del paraíso y el infierno, del dolor, del amor, de la felicidad, del sacrificio ¿Qué más se le puede pedir a un director?

John Ford (1894-1973), según Pablo Ferré; “el cineasta más completo de todos”

Mucha humanidad…

Sí, lo humano, que es lo que redime al cine. Una película puede ser todo lo virtuosa del mundo, como esos guitarristas que tocan ciento cincuenta notas en un solo y viene un B.B. King y toca una nota y te parte la cabeza y te llega al alma con una nota.

Que, además, es la misma nota que veníamos tocando todos sin llegarle a nadie…

Claro, el tipo la toca especial. La toca con el alma. O cuando un tipo canta y canta dos notas y no las canta bien pero algo te entra como un cuchillo y decís “¡pa’, este tipo está hablando de él y de mí y de un montón de cosas!”

Supongo que es un buen lugar para todos los estudiantes que estamos aprendiendo a hacer cine, aprender que el cine excede lo técnico, que aprender la técnica es necesario para conocerla y hacer funcionar el lenguaje pero en un momento tiene que escaparse de ahí y llegar a estos lugares que decís que John Ford alcanza; que no se pueden explicar mucho ni se pueden enseñar pero que es un buen ejemplo para ver porque se sale de la técnica ¿Cómo ves este dilema entre la técnica y lo artístico?

La técnica es un medio, tal como yo la concibo -y no sólo yo-. Es la manera de llegar a algo pero ese algo nadie puede decir qué es. Yo no le puedo decir a un tipo; “tenés que expresar tal cosa”… El medio que vas a utilizar para eso es técnico. Técnico en un sentido mínimo. Vas a llegar a donde llegues.

Se podría decir que has dedicado -hasta ahora- tu vida al cine ¿El cine te ha enseñado?

Me gustaría pensar que sí. No te sabría decir qué, pero sí. Debo haber aprendido algo del cine.

¿Pensás que ya has visto suficiente?

Esa es una pregunta muy insidiosa. Si te contesto que sí quedo como un pedante, por lo cual merecería morir de inmediato, y si te contesto que no quedo como un baba tibia… Además ninguna de ambas respuestas sería cierta. Yo no diría que he visto lo suficiente, pero depende para qué.

¿Seguís con ganas de ver más cosas?

No muchas. Depende… no sé

¿Tenés más ganas de volver a ver lo que ya viste?

Sí, tengo ganas de volver a ver lo que ya vi… primero, por trabajo -yo soy un trabajador-. Está bueno poder hacer que la gente descubra cosas y aparte soy enemigo de ver una película una sola vez. Las películas están para verlas muchas veces al igual que los libros están para leerlos muchas veces. Cuando ves una película a los veinte años y después la ves a los treinta, no es la misma película porque a los treinta años te pasaron otras cosas y ves y decís “esto a los veinte años yo no lo entendía porque era un salame, ahora lo entiendo porque soy menos salame de lo que era a los veinte años”. A los cuarenta vas a ser menos salame que a los treinta y por consiguiente es bueno ver una misma película cada cinco o diez años. De ser posible dos veces por año, con distancia. Es bueno volver a ver una película para descubrir si hay cosas que antes no vi pero en realidad, hoy por hoy, tengo más ganas de hacer cosas yo. Desde ese lugar -o desde esa posición- prefiero tratar de hacer algo por mi cuenta. A mí me parece que un tipo que hace películas -vale aclarar películas, porque el cine es mucho; es amplio- tiene que estar más tiempo delante de la ventana que delante de una pantalla. Delante de una ventana mirando lo qué le pasa al vecino en la vereda de enfrente, las hojas que se caen, la lluvia, el viento, la gente en la parada con frío o con calor, las luces que se van apagando. No creo que haya nada en la realidad que uno no pueda encontrar en una pantalla. Claro, en la pantalla es otra cosa. Esencialmente pienso eso.

¿Es un poco lo que intentaste encontrar en tu primer cortometraje?

No lo sé.

Pie de foto: Ventana (Pablo Ferré, 2011), primero de cuatro cortometrajes de ficción realizado por Pablo Ferré. El resto de los trabajos puede verse en https://vimeo.com/user11872748 y https://vimeo.com/user52665022

Ahora que has empezado una nueva etapa en tu vida -ya hace un tiempo- que es enfrentarte a la dirección, ¿con qué nuevos aprendizajes cinematográficos te has encontrado que antes no tenías y que ahora son nuevos? ¿O no hay aprendizajes nuevos y sentís que sigue todo por el mismo canal?

No sabría responder a esa pregunta. Debo haber aprendido algo pero eso que debo haber aprendido es preferible que no sepa qué es. No quiero saberlo. Espero haberlo aprendido y espero seguir aprendiéndolo. Si te dijera lo que es, creo que estaría mal, y eso suponiendo que pudiera saberlo. No puedo.

¿Por qué creés que a veces se piensa que aumentar el presupuesto implica necesariamente un aumento de calidad cinematográfica? ¿Pensás que eso es una regla?

Definitivamente no es una regla. El mundo está lleno de directores que han hecho películas con una cámara de Súper 8. No los conoce la gente pero existen. Yo los conozco. Si los demás no los conocen, que se jodan todos. Lo lamento.

¿Puede ser que nuestro país sea un lugar apropiado para observar esos ejemplos más que los de alto presupuesto?

En cualquier parte. Cualquier tipo que quiera hacer cine tiene que ver maneras de hacer cine. Si yo te paso una película de Howard Hawks, ¿vas a pensar que la película es como es porque el tipo tenía una grúa? No. La grúa es el instrumento. Vos no lo tenés pero el tipo sí. Si vos no lo tenés agarrás un palo de selfie. Capaz que no lo precisás tampoco porque lo que el tipo dice con una grúa vos lo decís con una cámara estacionada, quietita. Es absurdo eso de creer que el superávit tecnológico o la disponibilidad de medios técnicos puedan mejorar por sí mismos la calidad de la película. Hace a la calidad superficial, a la calidad técnica, pero no a lo profundo. Y repito: el mundo está lleno de gente que no movía la cámara. El mundo está lleno de gente que no usaba grúa. El mundo está lleno de esas cosas. Lamento que no sean tan conocidas, pero bueno…

Pie de foto: Howard Hawks (1896 – 1977): a partir de él, Ferré infiere; “es absurdo creer que el superávit tecnológico pueda mejorar la calidad de una película”

Hacer cine no implica, necesariamente, estar en el circuito…

No, claro. Nada que ver. Eso es solo una parte de la cuestión.

Quisiera ligar este pensamiento a las últimas realizaciones que has estado haciendo. Este último proyecto tuyo que estás investigando con un dispositivo y que, digamos -literalmente-, tenés al alcance de la mano: la cámara del celular. Está ligado a este pensamiento; “yo tengo ganas de hacer cine y lo voy a hacer con lo que tengo al alcance de la mano”. O a su vez, si tuvieras el equipo más gigante al que se pudiera acceder, ¿igual estarías en este momento filmando con celular?

Creo que cada uno se adapta a lo que puede hacer en el momento y las circunstancias en que lo puede hacer. No tengo la menor intención de hablar de lo que hago. Simplemente, me gusta trabajar haciendo películas porque me siento bien cuando lo hago. Prefiero hacer algo a hacer nada. Si lo que hago está bien o está mal, a mí no me corresponde decirlo.

Por último una pregunta usual, ¿cuáles son esos directores que las personas jóvenes deberíamos ver para conocer un poco más del cine?

Eso deberían averiguarlo ustedes mismos.