Al día de hoy, la ciencia nos tienta con futuros al borde de la ciencia ficción. La genética, a través de la técnica CRISPR/Cas9, nos abre puertas tan disímiles como pueden ser la cura de enfermedades, el diseño especializado de alimentos, la “des extinción” de especies animales, e incluso -por supuesto-, la modificación específica del genoma de embriones humanos.

CRISPR/Cas9

Se trata de una tecnología utilizada como herramienta para la edición corrección del genoma de cualquier célula con una precisión y eficiencia nunca antes vista, que, de hecho, ya está revolucionando la biología. El nombre, abreviado de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, refiere a una porción específica del ADN que contiene repeticiones cortas de secuencias de bases nitrogenadas que codificación -crean- proteínas de defensa ante sistemas externos como virus. Al suministrarse de forma artificial a esta porción del ADN -la CRISPR- la proteína Cas9 -de allí el segundo nombre de esta técnica-, el genoma puede ser editado en los lugares deseados, posibilitando la generación de casi cualquier combinación secuenciada de bases nitrogenadas. De esta forma, en años recientes se han venido realizando experimentos exitosos en ratas, monos, embriones humanos para tratar enfermedades, y, desde hace un mes, se considera posible, incluso, el traer a la vida nuevamente a los Mamut a partir del hallazgo de ADN fosilizado de esta especie.

Streptococcus pyogenes

Lo cierto es que esta tecnología proviene de la observación del mundo microscópico de las bacterias. En el año 1987, se publicó el articulo fundador de ésta técnica en el que se describían los mecanismos de defensa de algunas bacterias -Streptococcus pyogenesante- ante infecciones virales. La configuración curiosa y llamativa de las secuencias del ADN de estas bacterias mostraba una repetición ramificada y reiterada de determinadas secuencias de bases nitrogenadas. La verdadera epifanía surgió cuando los científicos pudieron saber que esas secuencias únicas y particulares respondían a la misma configuración del ADN de los virus que previamente habían atacado a las bacterias. En otras palabras, el CRISPR era una secuencia de ADN defensiva de la bacteria que actúa de una forma nunca vista hasta ese entonces: adquiriendo el ADN del virus, haciéndolo propio, y volviéndose, entonces, inmune ante él, incluso para generaciones descendientes de esa bacteria.

Fue en el año 2012 que la investigación dio incluso un paso más, cuando las doctoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna publicaron un artículo en el que demostraban cómo lograron programar este sistema natural de corte y modificación de ADN para dirigirse a una posición específica, cortarlo, y editarlo, en cualquier cadena de ADN en condiciones manipulables, es decir, in vitro.

Después, casi inmediatamente, vendría la guerra de patentes y la búsqueda por la novedad: la lucha por la explotación comercial de este descubrimiento. Así, aunque el artículo de Charpentier y Doudna resultó fundador en el campo académico de las publicaciones, otros investigadores reclamaron derechos exclusivos sobre la invención de la técnica alegando que ya existían investigaciones anteriores en proceso, aunque no publicadas. Lo cierto, es que, al día de hoy, son varias las compañías y universidades que explotan esta tecnología de forma comercial a modo de consulta remota y realización de modificaciones a solicitud. Simplemente buscando en google uno puede encontrarse con las distintas ofertas que existen para la aplicación de esta tecnología.

El futuro

La última gran novedad es el anuncio por parte de un grupo de investigadores de la universidad de Harvard que afirman que en dos años los Mamuts podrán ser traídos nuevamente a la vida. Pero, como si traer a la vida especies ya extintas no fuera suficiente, las posibilidades son verdaderamente inagotables. En primer lugar, representa una oportunidad única para la conservación ecológica, donde algunas amenazas difícilmente combatibles -como el caso de la malaria, por citar un ejemplo- pueden ser erradicadas de forma relativamente sencilla, o incluso con la oportunidad de cuidar mejor a las especies animales en peligro, ofreciendo la posibilidad de expandir sus defensas ante determinados enemigos biológicos. En segundo lugar, la utilidad es clara respecto a la mejora y conservación de alimentos transgénicos, expandiéndose la oportunidad de aumentar su calidad y duración mediante la edición genética precisa.

Por último, y hacia donde seguramente se ha disparado la imaginación de los lectores, el campo más prometedor -y más oscuro- para esta tecnología es la edición sistemática del ADN en embriones. Es sabido que existen estrictos códigos de ética que regulan la investigación en éste ámbito. También es conocido por todos, que todo avance científico aquí estará mediado previamente por la discusión pública generalizada, ya que cada pequeño paso que da esta tecnología significa un ruido atronador que mueve la imaginación del mundo entero. Sin embargo, lo dicho anteriormente no frena las oportunidades reales que pueden significar las mejoras genéticas en humanos, y que pudieran devenir en sujetos con características puntualmente seleccionadas para cumplir determinados roles y no otros. Eso por no pensar en la especificidad de características físicas que pudieran ser fácilmente elegibles por los progenitores, o por no mencionar tampoco las consideraciones éticas que suscita la desigualdad económica respecto al acceso de cualquier persona a estas tecnologías.

Pero todo esto, aún, es algo un poco más lejano -probablemente, no demasiado-. Para hacer realidad estas fantasías faltan aún demasiados experimentos, acompañados, esperemos, por un debate ético rico y de toda la humanidad.