Esta frase, del “nefasto refranero español” –al decir“La mujer honrada, con la pata quebrada y en casa” del genial Javier Marías- parece resumir los tiempos de reacción que se vive en cuanto a la reivindicación de sus derechos por parte de las mujeres.

Mucha polémica despierta en nuestro país la movilización de las mujeres, sea por la causa que sea. Y es preocupante, porque se toca el tema de las muertes por violencia doméstica o la discutida figura del femicidio, por ejemplo, y sobre todo en las redes, aparecen los “apedreadores profesionales” y se genera un gran entrevero. Están las mujeres que salen a decir que no están de acuerdo (están siempre de acuerdo con los hombres ¿Necesidad de agradar?) Surgen también  los pro-vida, que frente a esas cifras se ponen a hablar de los embriones “asesinados” por mujeres (no olvidar las fosas comunes que se encontraron en un convento en Irlanda: nada de cristiana sepultura);  los que dicen que hay más homicidios de hombres que de mujeres (es cierto, pero no por violencia doméstica) y algún que otro insospechado  que desliza al pasar que hay mujeres muy embromadas, como justificando, pero no. También se habla de conspiraciones neo liberales que están atrás de las movilizaciones de las mujeres. Es probable que las haya, pero lo que es seguro es que en Uruguay se mata a las mujeres por el sólo hecho de serlo, cada vez más.     Salta mucho resentimiento contra la mujer, resumido en la palabra-insulto, la palabra pedrada que tiene el valor fácil de los eslóganes: Feminazi.

Y no, señoras y señores: Las estadísticas son abrumadoras. En Uruguay hay un 8 (ocho) por ciento de mujeres presas frente a un 92 (noventa y dos) por ciento de hombres. Los hombres que matan a sus mujeres (o ex), lo hacen porque las consideran su propiedad,  muchas veces delante de sus propios hijos (nadie piensa en la desgracia de esos niños: la madre muerta, el padre asesino), y a menudo luego de amenazas y violencias previas. Así que el argumento de que las mujeres también matan, no corre. No en el caso de la violencia doméstica, por lo menos.  A menos que lo hagan con tal habilidad que nadie las descubre (¿serán tan arteras y tan vivas?).

Uruguay comparte con El Salvador la tasa más alta de mujeres asesinadas por una pareja o ex pareja en América Latina.  Para un país que supo ser de los primeros en otorgar derechos legales a las mujeres es una triste, desoladora  realidad.

Las mujeres fueron y son aún hoy botín de guerra: recuerden la caída de Berlín: todas violadas; las niñas raptadas para ser esclavas sexuales;  el tráfico de mujeres de las ex repúblicas soviéticas; las presas de la dictadura. Y sin ir a esos extremos en la libreta de casamiento de mis padres decía que “La mujer debe obediencia al esposo”.

Por lo tanto, es cierto que los derechos se conquistaron hace poco y que queda mucho por trabajar en la búsqueda de igualdad real (no sólo en los papeles) de los mismos.

Y no, no voy a decir que “no todos los hombres son violentos”. Eso es un hecho; los que buscan la igualdad no cacarean y a los que les quepa el sayo que se lo pongan.