El tinte de la 89ª ceremonia podía prevenirse leyendo los diarios, habiendo estado más o menos al tanto de la actitud contestataria por parte de la Academia hacia el presidente de los Estados Unidos -Donald Trump- y viendo al menos las nueve películas que estaban como candidatas a llevarse el galardón más importante de todos: el premio a mejor película.

Manchester by the sea (de Kenneth Lonergan) tiene como virtud en relación a su contexto, generar un viaje de contemplación, sensibilidad y momentos de poesía fílmica que transitan a través del interior de un personaje (interpretado por Casey Affleck), exhibiendo la complejidad humana ante historias de vida dolorosas, acercándonos así a la compasión por un ser humano que parece arisco, de pocas palabras, violento… pero que sin embargo no es más que un corazón dañado. Es un poco de esa comprensión hacia el ser humano que transita una historia distinta al común de los habitantes, la que no tiene el mandatario estadounidense al insistir con la segregación y expulsión de todo lo que él no considera dentro del “American Way of Life”.

Arrival (de Denis Villeneuve) nos muestra a un grupo de científicos estadounidense en una guerra política con China, dialogada por medio de unos extraterrestres mágicamente trabajados. Como si la metáfora fuera servida en bandeja (o no), los norteamericanos no logran descifrar el lenguaje extranjero que traen estos extraterrestres y entonces optan por enseñarles su propio lenguaje -como si ya no lo hubiesen hecho en el resto del planeta Tierra-. La solución estará en la memoria y en el futuro -para nada en el presente-. En los hijos que vendrán a partir de ahora y en la posibilidad que “encontremos” para escaparle a las decisiones del gobierno.

Fences (de Denzel Washington) es una dramaturgia sin desperdicios, donde la problemática de los mal llamados afroamericanos se concentra en los vínculos “cercados” dentro de un hogar -de allí su título-. Las posibilidades económicas que un negro tiene dentro de ese país; los valores retrógrados que los negros han adaptado de los blancos y que ahora enseñan a sus hijos; el dolor inmenso que cargan todos en sus corazones -pues la necesidad de cercar y separarse viene siempre del miedo y del dolor- son algunos tópicos que dialogan con ciertas ideas trumpistas.

Lion (de Garth Davis) es ni más ni menos que la historia de un niño indio que tras alejarse mil kilómetros de su casa y arribar a la ciudad de Calcuta, se pierde en la fisicalidad geográfica y el idioma bengalí. Tras ser adoptado por una familia australiana y convertirse en tierra extranjera en un hombre instruido en ética y educación occidental, decide recuperar y reconectar su origen, porque si acaso no lo alcanza a leer Donald Trump, vivir fuera de tu tierra no te convierte en delincuente y sí en una persona que vive con permanente dolor de desarraigo.

Hidden Figures (de Theodore Melfi) narra sencillamente la historia de tres mujeres negras que oficiaron de calculadoras en la NASA y que contribuyeron de manera importante a la llegada del hombre a la luna; pero claro, sus investigaciones eran firmadas por hombres blancos. La película obliga a reconocer que los grandes logros de Estados Unidos han sido también gracias a quienes hoy vuelven a ser segregados.

Por otra parte, Hacksaw Ridge (de Mel Gibson), Hell or High Water (de David Mackenzie) y La La Land (de Damien Chazelle) se encargan de poner el condimento faltante, la fuerza opuesta que subyace de la ideología de estas películas –aunque no quiera decir que no amerite en otra ocasión hablar de sus narrativas fílmicas; pero los Oscar ponen su interés en este tipo de cosas que estamos buscando destacar-.

Hacksaw Ridge nos devuelve al héroe patriótico que es capaz de todo con tal servir a su verdadera sangre norteamericana, a pesar de hacer todo sin portar un arma. De todas maneras, colabora en recordar la crudeza de las guerras a las que Donald Trump quiere volver pero no queda muy claro si la victoria estuvo en el frente de batalla o en la salvación patriótica de Desmond Doss.

Hell or High Water es un western contemporáneo en el que se roban bancos y se sacrifica un hermano a cambio de la tranquilidad para el futuro de la familia: el “American Way of Life” justifica cualquier daño.

Por último, La La Land, además de haber sido la gran favorita de la noche –con el gran fantasma de Avatar sobre su espalda; muchas nominaciones, no tantos premios- representa el otro género del clasicismo norteamericano: la comedia musical. En ella el personaje interpretado por Gosling milita para no dejar morir el jazz puro frente al jazz pop con el que cede de a ratos, mientras Emma Stone interpreta el bendito sueño americano que tanto nos ha sido exportado. La visión tradicionalista de Donald Trump puesta en dos personajes.

Ante este panorama complejo en que se encuentra la política y el paradigma estadounidense, el conductor de televisión Jimmy Kimmel presentó la ceremonia como “el año en que los negros nos hacen llegar a la luna y los blancos salvan el jazz”.

Ceremonia: Primera Parte

Para mostrar la planificación de puesta en escena que habría esa noche, Justin Timberlake entró bailando y cantando Can´t stop the feeling!, hasta subirse al escenario y adueñárselo. Luego Kimmel comenzó a desplegar su humor ácido hacia actores, actrices y directores que se encontraban en la platea. Comenzó a dejar en claro que iba a ser una noche contra el mandatario, así que bromeó con el twitter de Trump e ironizó con la “sobrevaluación” que el empresario le adjudicó a Meryl Streep. El Dolby Theatre se puso de pie para aplaudir a la actriz, en apoyo a sus discursos en defensa de los artistas inmigrantes de Hollywood. Minutos después, Alicia Vikander entregó el primer Oscar de la noche para Mahershala Ali como Mejor Actor de Reparto, por la película Moonlight (de Barry Jenkins). Dato para Trump: se hizo público que el actor, además de ser negro es de creencias islámicas.

Kimmel siguió con su humor ácido, esta vez pidiendo a los periodistas de la CNN y el New York Times que se encontraran en el auditorio, que por favor se retiraran porque allí no se tolerararían noticias falsas –tal como había despotricado Trump hacia esos medios de comunicación masiva-; “salgan del edificio… no queremos noticias falsas”, exclamó el conductor.

A continuación Giorgio Gregorini, Alessandro Bertolazzi –inmigrantes italianos- y Christopher Allen Nelson ganarían el premio a Mejor Maquillaje y Peinado por Suicide Squad (de David Ayer) y Colleen Atwood ganaría Mejor Vestuario por Fantastic Beasts and Where to Find Them. Gregorini dedicó el premio a todos los inmigrantes.

Las tres actrices que encabezan Hidden Figures (Henson, Spencer y Monáe) aparecieron para entregar el premio a Mejor Documental para O.J: Made in America (de Ezra Edelman), que a pesar del sarcástico título trata la historia de un negro ex jugador de fútbol americano que tras muchas idas y vueltas es declarado culpable por un robo que penalizan con la gravedad del doble homicidio del cual era sospechoso. En este documental de cinco partes se establece la rivalidad entre la justicia blanca y la delincuencia negra y ataca así complejas estructuras sociales estadounidenses para terminar concluyendo que no es un tema de ser blanco o de ser negro, sino de haber cometido o no un delito.

La noche comenzó a tener sus perlitas cuando sobre el escenario Auli’i Cravalho, interpretando How far I’ll go de la película animada Moana (de Clements & Musker) recibió un retazo de bandera sobre su cabeza –lamentablemente para ella- en el momento en que la tomaban en un primer plano. De todas maneras, un aplauso para esta chica nacida en Hawaii, que con solo dieciséis años se plantaba firme sobre el escenario.

Tras las bromas de Kimmel con que los primeros trabajos en Hollywood nunca son remunerados, nos sorprendimos con cientos de souvenirs que cayeron en cientos de paracaídas desde la bóveda del teatro que dieron paso a la terna de Mejor Mezcla de Sonido, que fue para el equipo de Hacksaw Ridge en manos de O’Conell, Wright, Grace y Mackenzie, con la particularidad de que el sonidista Kevin O’Conell llevaba veinte nominaciones sin ganar siquiera una vez y lamentó que su madre no haya llegado a verlo.

Vince Vaughn subió al escenario con gafas cuadradas para hacer entrega del Oscar honorífico a Jackie Chan, por si olvidan, actor de artes marciales que ha desarrollado su carrera más importante en Estados Unidos pero con nacionalidad china ¿De verdad podemos ver esta acción por parte de la Academia como absolutamente desinteresada?

Ceremonia: Segunda Parte

Se le entregó –como era esperado- a Viola Davis el Oscar a Mejor Actriz de Reparto, por su humana interpretación en Fences, que venía haciendo desde los escenarios de Broadway y que aprovechó para traducirlo a la pantalla grande. Actor de Reparto y Actriz de Reparto, ambos negros apoyando historias de negros; y como si bastara decir “además de negros y delincuentes somos artistas de primer nivel” –cosa que no dijo nadie más que quien escribe esta nota-, Davis con el premio en la mano proclamó; “somos la única profesión que celebra lo que es vivir una vida”.

Capítulo aparte merece la nominación a Mejor Película Extranjera, donde fue galardonado el film Forushande (de Asghar Farhadi). El director iraní, tras entrecruces públicos con el presidente de Estados Unidos, que le negaba la visa a él y demás personas, luego de serle concedida para asistir a la ceremonia decidió no ir y enviar a dos compatriotas de su país radicadas en Estados Unidos, una de ellas trabajadora de la NASA. Una de las mujeres leyó su carta en la que aclaraba que su ausencia se debía al respeto que merece la gente de su país y otras seis naciones que vieron imposibilitada la entrada a Estados Unidos. Agregó que esta conducta divide el mundo y  genera el miedo que luego trae las guerras. “Queremos romper los estereotipos religiosos para crear una empatía que hoy necesitamos más que nunca”, culminó Farhadi en su carta pública.

El actor nominado, Dev Patel –hijo de inmigrantes indios- presentó a Sting para que cantara con su guitarra en diagonal, su requinto en el segundo traste y su voz raspada la canción “The Empty Chairs” de la película Jim: The James Foley Story (de Brian Oakes), un documental sobre un periodista estadounidense asesinado por el ISIS. Fue mejor cantarla que profundizar mucho en ello.

Gael García Bernal y Hailee Steinfeld abrieron la premiación de Mejor Cortometraje Animado y Mejor Largometraje Animado. Antes de comenzar, García Bernal recordó que él es mexicano y que está “en contra de cualquier muro que nos separe”. El cortometraje fue para Piper (de Alan Barillaro –director canadiense-) y Zootopia (de Howard y Moore), ambos de Disney Studio. Los directores expresaron que la realizaron imaginando que “después de ver esta película, el mundo estaría mejor”.

Al fin era el primer turno para La La Land, que en manos de Jamie Dornan y Dakota Johnson recibían el Oscar a Mejor Diseño de Producción, y como en esta película el mundo real se torna en una ficción artificial, las puertas del Dolby Theatre se abrieron de par en par para dar paso a un séquito de turistas negros, asiáticos y latinos, estadounidenses y extranjeros, que nos dejó la duda si fue verdaderamente un reality o un casting hecho y ensayado por la organización de la Academia- ¿Te quedan dudas Donald Trump, de que la “gente común” son los espectadores de nuestras películas, que nosotros sí los integramos a nuestra fiesta y que nuestro país necesita de todos estos extranjeros para subsistir su turismo? Lo hacemos en vivo de modo que no puedas censurar nuestra transmisión… si así lo pretendieras-.

Para cerrar esta segunda etapa, Felicity Jones y Riz Ahmed -de padres paquistaníes- entregaron el Oscar a Mejores Efectos Visuales a The Jungle Book (de Jon Favreau) en donde trabajaron ochocientos animadores liderados por tres genios.

Ceremonia: Tercera Parte

Un espectacular auto DeLorean DMC-12 de Back to the Future (Robert Zemeckis, 1985) aparece en el escenario para dar paso al actor y productor canadiense Seth Rogen -¿Será que los blancos republicanos estadounidenses no están representados o será que la sociedad norteamericana definitivamente está compuesta por la diversidad étnica y geográfica que Trump reniega?- y Michael J. Fox –Marty McFly-, quien también es canadiense. Entregan el premio a Mejor Montaje a John Gilbert –neozelandés- por Hacksaw Ridge, película a la que le regaló grandes secuencias para que los espectadores sudemos con la batalla de Okinawa.

Kimmel bajó a la platea para posarse al lado de Sunny Pawar –el niño de la India que con ocho años concurrió a la gala por protagonizar Lion– y le preguntó si le habían gustado los dulces que cayeron en paracaídas. Acto seguido lo alzó en brazos como Rafiki a Simba en The Lion King (Allers y Minkof, 1994), con la música de apertura tan conocida por todos sonando y despertando la gracia de toda la platea.

Salma Hayek –mexicana- y David Oyelowo entregaron el premio a Mejor Cortometraje Documental para The White Helmets –sobre los cascos blancos en Siria que habilitan la matanza de sirios por parte de los soldados norteamericanos- y el premio a Mejor Cortometraje de Ficción para Sing (de Kristóf Deák), un cortometraje húngaro cuyo premio fue dedicado enteramente a los niños, “los únicos capaces de cambiar este mundo” según palabras del director. Tras esta entrega aparece Kimmel con su celular y dice; “llevamos dos horas de show y Donald Trump no ha mandado ningún twitter”.

Se acercan las categorías más importantes: Mejor Fotografía para Linus Sandgren –sueco, por si faltaba algún inmigrante- por La La Land, quien definió a su director Damien Chazelle como “un genio poético”. Luego un sketch donde las celebreties leían y respondían a los tweets más odiosos que había publicado la gente sobre ellos mismos. Un espacio para la interpretación en vivo de la canción City of Stars del soundtrack de La La Land. Y todo porque a continuación esta película conquistaría el rubro musical del cual era dueña absoluta en estas nominaciones: Mejor Banda Sonora y Mejor Canción Original en manos de Justin Hurwitz. De la entrega de la estatuilla se encargó Scarlett Johansson. A Jennifer Aniston le tocó desplegar su belleza ya madura para repasar honoríficamente a las figuras más importantes del mundo del cine que murieron durante el último año transcurrido.

A la dupla de Matt Damon y Ben Affleck les tocó entregar el premio a Mejor Guión Original, que casualmente fue para Kenneth Lonergan –director de Manchester by the sea- y contratado por el productor de la película que era, ni más ni menos que el propio Matt Damon. “Todo esto empezó por ti”, dijo Lonergan a Damon.

Por otra parte, el premio a Mejor Guión Adaptado corrió para Barry Jenkins por Moonlight, que declaró imaginando a Donald Trump en su sillón mirando la ceremonia; “Esto es para todos ustedes, chicos morenos… veánse en nosotros: esto es para ustedes”.

Una tercera caída de paracaídas con dulces y donuts para ir camino a la recta final de la ceremonia.

Ceremonia: Cuarta y última parte (con final simbólico)

Halle Berry anunció que Damien Chazelle (La La Land) era el director premiado con la estatuilla de Mejor Director y se convertía así en el director más joven de la historia de Hollywood en recibir un Oscar -32 años-. Como la historia de los Premios Oscar lo ha marcado, ganar la estatuilla a Mejor Director no implicaba asegurarse el premio a Mejor Película, que está considerado como un premio que reciben los productores ejecutivos de la película.

Por otra parte, Casey Affleck recbió el Oscar a Mejor Actor por Manchester by the sea y aclaró que este premio significaba demasiado para él. De inmediato dirigió la mirada a Denzel Washington –quien se mostró entre dolido y molesto- y aclaró que él era su maestro. Tener a un negro como maestro es algo que ayudó a la correntada antitrumpista que triunfaría al final de la noche. Casey reafirmó que le enorgullece ser parte de esta comunidad –que Trump destrata-. Emma Stone, que ganaba su reconocimiento a Mejor Actriz (La La Land) –entregado por Leonardo di Caprio-, en representación de la mujer blanca que traza su sueño hollywoodense, se conformó con decir que “el premio es un símbolo maravilloso para continuar en este viaje”. Hasta aquí todo parecía estar perfectamente guionado –o tal vez estuvo todo perfectamente guionado-.

Warren Beaty y Faye Dunaway –Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967)- se prepararon para entregar el Oscar a Mejor Película. Beaty leyó la tarjeta, comprendió que era una tarjeta equivocada, registró dentro del sobre vacío, miró a Dunaway y le pasó la tarjeta. Ella anunció que La La Land era la película ganadora. Como bien se sabe, luego de esto vino el bochorno, la aclaración, la prepotencia de los productores de La La Land para anunciarlo… el posible circo. Moonlight era finalmente la ganadora y lo era en este contexto de tensiones políticas concretas y reales: Hollywood se está defendiendo ante Donald Trump porque es un mercado sostenido por extranjeros que trabajan allí y/o consumen sus productos, tanto dentro como fuera del país. Sin pretender amarillismos, pudo ser algo perfectamente elucubrado por la Academia, que subió al escenario al film del American Way of Life –La La Land y todo el género de comedia musicaly lo derrocó de manera simbólica con Moonlight; una película sobre negros y hecha por negros, con una forma fílmica muy contemplativa para el clasicismo norteamericano, dejando la acción de lado y haciendo lugar a la sensibilidad, enseñando que los hombres reacios y peligrosos pueden dejarse atraer por otros hombres –o al menos uno-. Y como si la trama de esta película le hablara directamente a la cara de Donald Trum; “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros: ¿qué estás haciendo con cada cosas que decides?”

Por muchos motivos, esta fue una ceremonia para el recuerdo, no solo por el gag del final; sino por su contexto histórico-social y la guerra declarada entre unos tipos que manejan el negocio del cine en el mundo y otro tipo que maneja el negocio neoliberal del planeta y que ahora es, ni más ni menos, el hombre que puede empezar a destruir muchas cosas que se proponga. A veces los que destruyen no descubren que posibilitan el nacimiento de algo totalmente nuevo y fortalecido. Hollywood, como trinchera de enfrentamiento aliado con buena parte del mundo y enfrentado a su propio gobierno, puede ser el caso.