Al momento que escribo estas palabras, son siete los días que faltan para el estreno en Buenos Aires de “Sep7imo día -no descansaré-“, espectáculo del Cirque du Soleil, inspirado en y con la colaboración de la mítica banda Soda Stereo. Aunque Uruguay es a veces -todos lo sabemos- un lugar muchas veces escondido a fenómenos culturales mundiales, este evento es grande; en verdad muy grande, y por eso nos tienta a espiar, aunque sea por una rendija, este fervor que se enciende al otro lado del río. Este artículo es apenas una alusión caprichosa de este fenómeno por parte de un fanático que se babea asombrado de ver cómo Soda Stereo, a pesar de los años y las circunstancias, sigue destrozando límites.

‘Siempre seremos… Soda’

Sería un cliché comenzar diciendo que Soda Stereo es la banda de rock más importante de Iberoamérica. Que consolidó y masificó el rock en castellano como nadie lo había hecho, que su influencia persiste inconfundible hasta el día de hoy, y que Gustavo Cerati, su líder, se ha elevado al estatus de figura mítica debido a su arte excelso y tras su infortunado deceso. Sería menos original todavía reflexionar sobre el grandioso recorrido artístico de esta banda: entender que su evolución trasgredió límites de estilo y riesgo trabajo tras trabajo, tanto en vivo como en estudio, que la experimentación musical se hizo siempre presente y primó sobre cualquier otro interés, y que el conformismo comercial nunca solapó la ambición artística perfeccionista que Soda siempre supo exprimir.

Entonces dejamos esas impresiones de lado y vemos que hay más, y los números son arrasadores: 13 discos editados a lo largo de 14 años de carrera, 30 millones de copias vendidas en todo el mundo, 1488 recitales en vivo en 97 ciudades de toda América, conciertos multitudinarios ante más de 250 mil personas. Y así podríamos seguir enumerando hitos, pero alcanza con mencionar que con su regreso, luego de 10 años de ausencia, batieron con seis el número record de recitales llenos en el Estadio Monumental de River Plate, de Buenos Aires, arrebatando momentáneamente la marca de cinco a los Rolling Stones, hasta que luego Roger Waters alcanzó, con su espectáculo “The Wall”, la cifra de nueve.

Pero ahora, celebrando los 10 años después de su vuelta -y los veinte de su despedida original-, la banda argentina vuelve por la revancha, y lo hace ostentando un nuevo altar artístico: el espectáculo “Sep7imo día”; el Cirque du Soleil homenajeando a Soda Stereo.

Esta combinación, a pocos días de su estreno, ya da que hablar. Y es que al prestigio artístico indiscutido de ambas instituciones se le suma la perplejidad que ofrecen los primeros números que aparecen. No solo el ritmo de ventas de “Sép7imo” día ha sido récord -20 mil entradas en tan solo tres horas de venta; diez funciones en el Luna Park agotadas en las primeras veinticuatro horas- sino que las fechas agregadas por el Cirque du Soleil, y la proyección esperada de acuerdo a los cálculos hasta el momento, hacen peligrar la marca del ex Pink Floyd en cuanto al número total de asistentes a un mismo espectáculo. Se esperan más de 480.000 espectadores, y tan solo en Argentina.

Soda Cirque

La historia del espectáculo oscila entre la habilidad empresarial de Daniel Kon, manager de la banda, y la espontaneidad algo cursi de un cuento mágico. Luego de ver en Las Vegas los espectáculos “The Beatles in Love” y “One”, ambos del Cirque du Soleil, Kon, junto a Roberto Costa y Diego Sáenz -presidente y CEO de Pop Art, coproductora de Sép7imo día-, lograron a través del contacto con uno de los más de cinco mil empleados del circo, llegar a presentar material sobre Soda Stereo a Charles Joron, jefe de producción de la empresa canadiense. Finalmente, la puerta quedó abierta tras una reunión telefónica, y los tres productores argentinos viajaron a Canadá en el año 2013.

El objetivo era utópico, aunque la confianza, plena: realizar un espectáculo con el Cirque du Soleil sobre la banda más importante de Iberoamérica. Luego de idas y vueltas, contactos con los músicos argentinos así como con la familia de Gustavo Cerati, estudios de mercado y numerosas reuniones a distancia, algunas anécdotas sobre las decisiones claves para la puesta en marcha del espectáculo cuentan cómo el fervor de los empleados latinos del circo ante las meras palabras “Soda Stereo” fue fundamental para que el despegue fuera definitivo, o cómo el desconocimiento de la banda por parte de la esposa del líder creativo del Cirque, Francois Bouchard, casi hecha por tierra todas las negociaciones -ella es de Brasil, zona donde la música del resto de América Latina tiene escasa influencia-.

Lo cierto es que las cosas fueron bien, al punto de que Soda Stereo es innovador incluso a estos niveles. Se trata del primer espectáculo que la compañía canadiense, el Cirque du Soleil, estrena fuera de los Estados Unidos, siendo el cuarto que realizan en el formato de homenaje a artistas musicales. Así, Soda Stereo se une a Elvis Presley, Michael Jackson, y a The Beatles, aunque con una particularidad: es también la primera vez que el circo coproduce la realización musical con los artistas en cuestión. Si bien la dirección artística total corre por cuenta de Michel Laprisse y Chantal Tremblay -directores de tours de Madonna así como de otros espectáculos musicales del Cirque-, son Charly Alberti, Zeta Bosio, y Adrián Taverna -sonidista de Soda desde sus comienzos y de Cerati en su carrera solista-, quienes han quedado encargados de la producción musical del espectáculo a partir de reversiones de las canciones del grupo obtenidas de las pistas grabadas originalmente. Para ello, gran parte del trabajo fue realizado en Unísono, el estudio de Gustavo Cerati, lugar que sigue perpetuando el espíritu único del guitarrista, y donde la perspectiva que él hubiera tenido, fue consultada constantemente a la hora de tomar decisiones musicales.

Las reversiones que se escucharán en el Luna Park a partir del 9 de marzo, serán editadas próximamente en un nuevo trabajo discográfico que llevará el sello de la banda. Su primer corte de difusión, precisamente “(En) El séptimo día”, ha estado ya contagiando este retorno de la Sodamanía.

El espectáculo girará por el resto del continente durante 2017 -Córdoba primero, luego Chile, Colombia, y México- y el tamaño de la producción, asusta. Son 78 artistas internacionales, y serán 20 camiones que trasladarán la infraestructura del show a lo largo del continente; la recaudación esperada para el total del tour en 2017: US$ 100 millones.

Menos mono (tono)

En Uruguay, se espera el espectáculo recién para el año 2018. El coqueteo del circo con nuestro país con el espectáculo “Kooza”, pudo más que el escaso interés que existe por la banda argentina. Y es que la magia de Soda Stereo no ha calado en este país como en el resto de Latinoamérica. Curiosamente, algunos de los hitos más importantes de Soda Stereo ocurren en Uruguay, como cuando un joven Cerati, sin trabajo ni dinero para volver a Buenos Aires desde Punta del Este, pidió ayuda a Zeta Bosio, hasta ese entonces apenas un conocido de la carrera de publicidad que ambos cursaban en la Universidad de San Salvador. Este encuentro dio lugar a algunas de las primeras formaciones experimentales que luego derivarían en Soda Stereo; algunas de ellas: “Los estereotipos”.

Sin embargo, y a pesar de que Soda sí tocó varias veces aquí, uno no puede evitar recordar cómo Uruguay fue ignorado en la gigantesca gira continental que la banda realizó por su regreso en el año 2007 -La gira “Me Verás Volver”-, y lo comprende perfectamente cuando recuerda el último concierto de Cerati como solista en Montevideo ante un Velódromo a medio llenar y con un entusiasmo más bien decaído.

En cualquier caso, en no demasiado tiempo, tendremos la suerte de ser anfitriones de un espectáculo de primerísimo nivel internacional, y de vivir algo del fervor que ha tomado a toda Latinoamérica por asalto. Ya podemos percibirlo en el resplandor escandaloso que se asoma en la otra orilla. Ya podemos presentirlo en un continente que ahora abre los brazos esperando el stereo como ha sabido esperar en el pasado. Veremos si, al final de todas las cosas, Soda Stereo y el Cirque du Soleil

terminan haciendo de Uruguay, al menos por un rato, un lugar un poco menos escondido -y definitivamente más pop-.