Desde siempre, el mes de marzo ha sido sinónimo de comienzo de clases, tanto para los más pequeños como para los ya no tan chicos. Para este nuevo año académico, la Universidad de la República inaugura un nuevo espacio artístico e interdisciplinario del cual puede sentirse orgulloso: se trata de la flamante Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia. Tendiendo algunos de los puentes tan anhelados entre la formación actoral y la Universidad, esta celebrada carrera en escritura teatral -dramaturgia- es el producto de un esfuerzo de años de gestión de un importante número de protagonistas en ámbitos tan diversos que van desde entes públicos, como la Intendencia de Montevideo, hasta privados, como es el caso de Agadu. La importancia de este nuevo espacio es, en parte, el reconocimiento que otorga a la fuerza que las artes escénicas han cobrado a lo largo de los últimos años en nuestro país, de tal forma que la profesionalización terciaria en el ámbito continuará contribuyendo a más y mejor actividad. Sin embargo, la intrincada red institucional que sostiene este emprendimiento también presenta algunos obstáculos a resolver si es que pretende consolidarse como uno de los polos de formación universitaria de artistas, buscando alcanzar, como algunos pretenden, una futura licenciatura en dramaturgia. Es en este campo de batalla que, en gran medida, se sigue jugando que la formación en artes escénicas pase a la órbita universitaria, con todo el reconocimiento y las dificultades que ello conlleva. El experimento está puesto en marcha.

La generación

El proyecto comienza en el año 2013 con un convenio firmado entre la Intendencia Municipal de Montevideo y la Universidad de la República. Siendo la primera responsable de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), y la segunda, responsable de la Facultad de Humanidades, estas dos instituciones emprendieron desde aquel año el arduo camino de la elaboración de la tecnicatura. Fue entonces que, de la mano de la asesoría del reconocido dramaturgo argentino Mauricio Kartún, referente pedagógico por excelencia en estas temáticas en la Argentina, se elaboró un ambicioso plan de estudios que fue finalmente aprobado, luego de largas idas y vueltas, reformulaciones y comisiones, en el año 2015.

Han sido los acuerdos institucionales que luego incluyeron a Agadu (Asociación General de Autores del Uruguay) y al Inae (Instituto Nacional de Artes Escénicas) en el aporte económico y material -las clases están teniendo lugar en la sede del Inae-, los que han permitido darle verdadera forma a la carrera, y pasar de los papeles a las aulas y las tablas. Para ello, el esfuerzo y la dedicación de las autoridades de las mencionadas instituciones ha sido fundamental, y es entonces que se destaca el trabajo de Alexis Buenseñor, José Onaindia, Santiago Sanguinetti, e incluso Mariana Percovich, entre otros.

El recorrido académico de la tecnicatura consta de dos años y combina contenidos meramente prácticos con teoría de la dura, siendo que también se contemplan pasantías y hasta materias electivas en otros servicios universitarios. Para todo ello, se convocaron como docentes a algunas verdaderas personalidades del teatro, entre ellas, Roberto Suárez, Marianella Morena, Luis Masci, Carlos Liscano, Laura Pouso, Diana Veneziano, Sergio Blanco, e incluso el propio Gabriel Calderón, quién oficia como coordinador general de la carrera.

La carrera será abierta cada dos años a los aspirantes -es decir, habrá una generación única por período-, quienes, mediante una prueba de ingreso, podrán acceder a la tecnicatura. La primera experiencia indica que los cupos otorgados fueron 17 -originalmente se estipulaban 15- habiéndose presentado más de 70 solicitudes.

La proyección

Podríamos seguir endulzándonos los labios comentando las infinitas virtudes que esta ocasión conlleva, y es que la importancia de ésta formación en indudable: que ofrece una formación donde antes no la había; que se tienden puentes entre Universidad y arte dramático; que se instaura como carrera en artes escénicas alterna a la actuación y al diseño, sirviendo como experimento pionero que buscará continuar con la apertura de nuevos espacios como la dirección teatral; que la tecnicatura coincide con un gran momento de la dramaturgia nacional, con un inmenso reconocimiento de trabajos uruguayos en el exterior; y un largo etc. Todo lo anterior es, en buena medida, cierto, y podemos y debemos sentirnos orgullosos de que así sea.

Por otro lado, también se divisan desafíos para la consolidación y evolución de esa tecnicatura y de todo lo que significa. En gran medida, son dos los grandes ejes que agrupan un conjunto de preocupaciones y aspectos a mejorar y cuidar en el futuro.

El acceso

En primer lugar, vale destacar la dificultad de acceso que posee. Bien es cierto que se trata de la primera vez que se realiza y es esperable que los recursos económicos con los que cuenta no sean los mejores. Pero ha sido una hermosa sorpresa la cantidad de aspirantes que dieron la prueba, y ha sido decepcionante la cantidad de cupos que se han otorgado. Algo menos de un veinticinco por ciento de los alumnos que se han presentado han ingresado -en otras palabras, de cada cuatro que se presentaron, solo quedó uno-.

Esto parece no tan grave cuando se lo compara al porcentaje de ingreso de la carrera de actuación de la Emad, donde, habitualmente, entra un quince por ciento de los que se presentan a la prueba de admisión. Y lejos de ser una crítica profunda a las pruebas de ingreso en sí mismas -las cuales, digámoslo, tienen sus contras, pero también sus indudables virtudes desde un punto de vista del aprovechamiento de los recursos-, sí es un llamado a la reflexión en cuanto a la gran cantidad de interesados en el estudio formal de artes escénicas, y la baja cantidad que accede a estos estudios de forma gratuita, de calidad, y pública. Y debido también a que la Emad, en sus distintas carreras y a pesar de sus dificultades, sigue siendo la mejor institución para el estudio de las artes escénicas -en la balanza, la excelente calidad de muchos de los profesores, la alta dedicación horaria, así como la gratuidad de acceso-, se ha promovido a lo largo de generaciones, una estructuración inaccesible a muchos que parece fomentar el elitismo en ésta área, alcanzando las esferas, ya no solo del estudio, sino de la actividad profesional y de los circuitos comerciales.

Siendo que este tema podría extenderse a un artículo entero, lo abandonaremos no sin antes entender que la mejora en ésta área es uno de los desafíos que asoman en el horizonte. El interés en el acceso a la educación habla a las claras de un teatro con una potencialidad futura que no puede ser ignorada o silenciada con elitismos. Uno se pregunta entonces cuán difícil puede ser que la prueba de ingreso sea, quizás, mucho menos rígida, y entrara un número que, si no fuera el cien por ciento, al menos rozara el cincuenta por ciento de los aspirantes -no parecería, viéndolo desde afuera, una quimera imposible-.

Los círculos y la docencia

El otro gran aspecto que ha de tratarse con cuidado es la selección docente y los criterios a definir para ello. Sin dar nombres, éste es un tema más profundo dado que es plausible de tratar con preguntas verdaderamente punzantes que son aplicados a todo ámbito educativo: mediante la selección de un coordinador de carrera determinado, o de unos docentes y no otros, ¿no se está priorizando un tipo de formación determinada, considerando algunos paradigmas sobre otros? ¿Cuáles son los criterios que hacen que sean elegidos determinados docentes y no otros, en un ámbito tan subjetivo y relativo como el arte? ¿Cuáles son los contenidos que, como estado -es una formación pública-, se están fomentando en términos artísticos para el futuro?

Las respuestas a estas preguntas pueden ser tajantes en apariencia. Y es que nadie duda de las capacidades de algunos de los docentes que actualmente imparten los cursos -premios nacionales e internacionales, experiencia, y reconocimiento entre pares-; sin embargo, ¿cómo podemos decir en una disciplina artística que un artista de categoría internacional es más valioso impartiendo conocimientos que uno del teatro alternativo local? Al decir eso, estaríamos diciendo que, debido al reconocimiento en determinados ámbitos, un estilo artístico es más “valioso” que otro. Un terreno peligroso, sin dudas.

Si siguiéramos este razonamiento un poco más allá, entendiendo también que la tecnicatura forma artistas que serán responsables de muchas de las producciones teatrales futuras aquí en Uruguay, este panorama nos lleva a la conclusión epistemológica de que, en el arte, tanto como en la ciencia, los paradigmas exitosos se imponen a los menos exitosos por caminos más cercanos a la perpetuación del poder y la instauración de verdades, que por méritos estéticos propiamente dichos. Si a esto sumamos lo que anteriormente mencionábamos, es decir, los círculos de elitismo que son inherentes a las características de formación teatral en el Uruguay, nos encontraremos que esta tecnicatura puede perfectamente estar dedicada a la permanencia de ciertos criterios estéticos sobre otros, y de ciertos artistas en detrimento otros. Pero decir eso sería un poco alarmista, y si bien es un grado de reflexión plausible, dudo que se condiga con las intenciones de los que, con tanto esfuerzo, han levantado la tecnicatura. En cualquier caso, resulta una reflexión que ha de hacerse pensando, ya no solo en lo que ya está armado, sino en un futuro que tiene grandes potenciales para la formación teatral en diversos ámbitos.

Simplemente hoy

Lo cierto es que hoy, con el experimento ya en marcha, la selección de alumnos ha sido heterogénea, y los docentes muy diversos entre sí, siendo que, además, la oportunidade de cursar materias electivas en otras facultades ofrece la posibilidad de que cada estudiante pueda, en cierta medida, elegir su propio camino de formación. Con muchas dudas puestas sobre la marcha, burocracias aún por resolver, y, sobre todo, mucho ímpetu dispuesto para que las cosas salgan bien, la tecnicatura ha terminado su primera semana de clases.

Ya vendrán los tiempos más propicios para la reflexión sobre la marcha; ya vendrán los números estadísticos más finos, los éxitos, y los nuevos obstáculos que irá encontrando este espacio apenas explorado. En cualquier caso, se trata de más formación teatral, en más ámbitos, en una ciudad como Montevideo, donde cada vez hay más emprendimientos privados dedicados a la actuación -claro crecimiento, aunque falta de otras especializaciones-. El teatro sigue creciendo en nuestro pequeño país, eso es innegable. Que florezca de forma heterogénea, inclusiva, y cada vez más dedicada y profesional depende de, entre otras cosas, la reflexión constante. No debemos dejar de hacerlo.