En el mundo de la pintura uruguaya sin duda alguna hay exponentes realmente mágicos. Pienso en un Blanes y su realidad volcada al óleo, a “las lunas de Cuneo” y más aquí en el tiempo a un Clever Lara con su “naturalismo”. Sin embargo, existe toda una gama interesantísima de artistas que no solo exponen sus obras en pinturas, sino que lo exponen en dibujos y dentro de toda ese catálogo amplio de posibilidades que brinda el dibujo, la caricatura en nuestro país es realmente muy importante y uno de sus referentes se llama Roberto Poy.

“El Garage de los Sueños”

El año pasado, en Maldonado, en los encuentros semanales de “El Garage de los Sueños” (un colectivo de soñadores que se junta simplemente a crear y pasarla bien), conocí a la figura de “Rolo”, un personaje entrañable, divertido y soñador que emana creación por sus poros. Nacido en Montevideo en el ’71, la historia de Rolo como artista no comienza tan extraña a la de otros niños: copiando dibujos que encontraba en revistas fue criando un amor por la caricatura, que lo llevó al día de hoy ser uno de los caricaturistas más profesionales de nuestro país. A los trece años comenzó a publicar en el diario La Noche y le permitió ir creciendo con referentes literarios como Mario Delgado Aparaín. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Montevideo y también lo hizo en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. Trabajó para diarios como “La Noche” (Uruguay), La República (Uruguay), Miami Times (Estados Unidos), entre otros, en semanarios como Brecha (Uruguay) y revistas como Lento (Uruguay). Ha publicado libros de poemas, un cortometraje, una obra de teatro y ha formado parte de “colectivos culturales” que quienes son en definitiva, el “caldo de cultivo” de muchas creaciones que rodean la vida de Rolo como artista.

El último día de marzo me subí a la bicicleta para pedalear casi veinticinco kilómetros, con el fin de ir a la casa de Rolo que quedaba en Sauce de Portezuelo, departamento de Maldonado. El recorrido fue realmente hermoso, transitando por una ruta tranquila, en una noche estrellada y con la alegría de poder vivir cosas como estas en mi vida.

Luego de casi una hora de pedaleo llegué a tres cuadras de la playa en Sauce de Portezuelo. No se veía por la oscuridad, pero se respiraba el salitre, algo hermoso de experimentar. La oscuridad no me dejaba ver bien los caminos y me perdí entre tanta calle por todos lados, con lo cual me costó llegar a la casa del entrevistado. Lo llamé y me fue a buscar. Llegamos al hogar, recientemente creado (hacía una semana y pocos días se había mudado Rolo con su compañera Silvana y sus dos niños Ciro y Celine); por lo tanto tenía eso de “casa nueva” que me permitió sentarme en una silla realmente muy cómoda, al lado de una parrilla y un fueguito que armamos, debajo de las estrellas y rodeado de árboles. ¿Qué más se puede pedir?

Además de Tao, el perro labrador de Rolo, nos acompañó durante toda la entrevista el hijo de Rolo,Ciro, de tan solo seis años que fue quien desde el comienzo llevó la entrevista a cabo con sus preguntas y sus recuerdos de historias que su padre le había contado sobre los diferentes viajes por el mundo que había experimentado junto a su mamá, Silvana.

El arte: una cuestión de amor

Rolo conoció a su compañera del presente, Silvana, en plena crisis financiera y social uruguaya (año 2002) pero se enamoraron y se conocieron profundamente cuando decidieron emprender camino por el mundo, sin rumbos,tan solo ellos dos y nada más que el amor que estaban construyendo.

La historia indica que el papá de Rolo le pidió si podía viajar hacia Estados Unidos con el fin de trabajar y enviar dinero para pagar las deudas que la crisis había llevado a la familia. Diez días atrás había conocido a Silvana y venían pasando hermosos momentos. Sin dudarlo, el joven caricaturista y dibujante viajó hacia Nueva York, en donde vivía su hermano Martín, para instalarse a trabajar en una florería; un trabajo que le duró una semana. Sin trabajo pero con la mente y el corazón pensando en Silvana, pasaba muchas horas en un cyber-café gigante para charlar con su amada que estaba en Uruguay.

Sin trabajo, Rolo conoció Broadway y observó que allí se paraban dibujantes uno al lado del otro. Necesitaba dinero y decidió probar suerte en el mundo del arte callejero con su experiencia de ser dibujante de estudio. Mientras tanto, transcurrían los correos electrónicos con Silvana y para que la lejanía no sea tan dura de sostener, crearon un mundo de fantasías llamado “Por Si Las Dudas”. En él había cines, boliches, bibliotecas. Un verdadero mundo real pero virtual. Allí se encontraban, fijaban hora y lugar y fantaseaban que estaban juntos. En uno de estos “pactos de encuentro”, Rolo le dijo a Silvana que la iba a esperar al día siguiente, a la salida de la escuela, en donde trabajaba como maestra de primaria, con un girasol en la mano. Se rieron y siguieron fantaseando en ese mundo, pero con la salvedad de que Rolo decidió tomarse un avión hacia Uruguay. Pasó primero por su casa, le dejó dinero a su padre y le pidió disculpas, fue a esperar a su amada a la salida de la escuela tal y como había dicho. Con girasol en mano, cara sonriente de felicidad y de locura; Silvana lo mira y le dice: “Te deportaron boludo”.

Aquí mismo, comienza otra historia que les contaré en la próxima entrega, pero antes me gustaría que puedan escuchar de la mismísima voz de Rolo, sus pensamientos sobre el arte, conocimiento y amor, y cómo éstos se fusionan en un solo concepto: “Arte Para Sanar”.

Nos vemos en la próxima!