Villeneuve se topa con el Medio Oriente en la voz de Thom Yorke. La película anuncia. Buscará no desperdiciarse en planos y montarse en tiempos justos. La contundencia ya tiene la obra de Mouawad entremanos; debe traslucirse en cada decisión y Villeneuve asume el inmenso desafío de ponerse a la altura. Lo logra. El espectador es sumergido en la cruda poesía del conflicto humano. La profundidad se hace visible en múltiples aristas. Las actuciones permiten la contemplación y esta nos recuerda por qué no merece ser un valor bastardeado. Ni el exceso ni la escasez se hacen presentes. Lo que no se comprende ahora se comprenderá en algún momento; incluso días después. La película transita en la resonancia. El Amor se comprende en su inmensa belleza. El ser humano  no es más que un bicho absurdo en eterno aprendizaje. Los enfrentamientos dejan de Estar enfrentados y pasan a Ser del mismo lado. El hilo de la Ira se rompe para siempre. Radiohead queda sonando. El silencio se apodera del espectador. El agradecimiento por tanta nobleza se nos escurre de la Mente cuando intentamos hacerle un modesto homenaje. Nos ponemos románticos… pues aquello sí que está bien escrito, o mejor decirlo en palabras más gentiles, aquello sí que está bien hecho.