Juguemos a imaginar. Si Uruguay hubiese sido un país colonizado por los ingleses, algunas cosas serían bien diferentes o -lo que equivale a decir- similares a Nueva Zelanda.

Los maoríes son para Nueva Zelanda el sello cultural y genealógico que los constituye -luego habría que debatir en qué medida son respetados como valor sagrado, en qué medida se los utiliza como patrimonio cultural y en qué medida son realmente insertados al sistema económico de un país hegemonizado por los blancos neozelandeses distinguidos con el apodo de kiwis-.

Podemos librar la imaginación y equiparar esta supervivencia maorí a una supuesta supervivencia charrúa. Ningún colonizador es santo ni bondadoso, pero los ingleses al menos se han tomado la colonización con una crueldad menos visible -en 1840 los maoríes y la Corona pactaron la devolución de las tierras por agravios históricos, años en que Rivera tomaba una de las deciosiones más torpes que ha tenido la historia del Uruguay-.

Hoy los maoríes ngai tahu y los maoríes tainui son importantes actores de la economía nacional. El idioma maorí ha conquistado sus propias estaciones radiales y televisivas frente al inglés kiwi predominante, dado que el idioma aborigen se enseña en todos los centros estudiantiles del país. Estas cosas suceden cuando no se extingue una cultura y se convive con ella aceptando los híbridos que deriven a una sociedad más singular. Si los ingleses hubieran sido los colonizadores de los charrúas… las cosas no serían necesariamente mejores pero sí predominantemente diferentes y Nueva Zelanda sería el Uruguay oceánico.

De ser así, el Aeropuerto Internacional de Carrasco recibiría a sus pasajeros con sonidos de la pradera silvestre y extensos letreros pregonarían; “bienvenidos a tierra charrúa” -así nos recibe el Aeropuerto Internacional de Auckland con su cultura maorí for export-. Los charrúas serían subsidiados por el Estado que les reconocería la tierra originaria y la selección deportiva más popular- de fútbol o de rugby, quién sabe- sería verdaderamente charrúa y este su sello innegociable que la colocaría entre la elite mundial ¿Podríamos imaginar a los charrúas haciendo su haka más tradicional antes de cada enfrentamiento? Sigamos con el juego de seguir imaginando.

Nueva Zelanda integra la denominada  Commonwealth of Nations o Mancomunidad de Nacionescompuesta por 52 estados miembros unidos bajo el simbólico poder de la Corona con el fin de generar una red de mutuos beneficios económicos ¿Se imaginan si la Corona española reconociera el daño y recompensara a Uruguay -entre otros tantos países- integrándolo a su Mancomunidad de Estados Iberoamericanos? Vale la pena preguntarse por qué el gobierno español no recibe sin complejidades a sus descendientes colonizados a través de sus fronteras.

Si hubiesen sido ingleses nuestros colonizadores… quizás y solo quizás hubiésemos sido igualmente colonizados pero con algunos beneficios políticos y económicos a cambio de nuestros perjuicios pasados. Juguemos a imaginar que Uruguay se llamase New Land of Painted Birds, que por abreviaciones del tiempo se reduciría a New Paibirdland –Lord Ponsomby ofrecería su nombre a la Isla de las Gaviotas (Lord Ponsomby Island) y nuestra idiosincracia sería completamente diferente-.

Ciertamente, existen algunas curiosidades en Nueva Zelanda que no sería un desperdicio conocer para quienes piensan la sociedad en términos desarrollistas. Nueva Zelanda es un paraíso de tierras fértiles y variedades climáticas en un paralelo geográfico que lo emparenta con Uruguay. Expresado de otra forma, si hay un país en el mundo que puede aprender de algunos hallazgos neozelandeses -o al menos observarlos- es Uruguay, subyugado a Brasil y Argentina en todas las aristas de una sociedad como lo está Nueva Zelanda con Australia y poco más lejos con las grandes potencias asiáticas.

Más allá de estos jocosos juegos de palabras, la pertinencia nos lleva a recordar que Nueva Zelanda tiene una economía dolarizada un tanto más débil que el dólar norteamericano y con la peculiaridad de una banca enteramente nacionalizada -no estatizada- pero librada a la competencia liberal -muchos bancos neozelandeses compiten entre sí-. De un país con una economía tan fuerte, ¿por qué no tomar apuntes de este tipo?

Con una población de poco más de cuatro millones de habitantes, Nueva Zelanda sostiene un país con producción interna muy ecléctica y suficiente para consumir y exportar de gran calidad. Todo parece indicar que el consumo es variado y capaz de sostener grandes industrias nacionales así como también no ostentoso, pues la calidad de vida no es un lujo sino un derecho de todo el que trabaja y el kiwi tiene por idiosincrasia trabajar. La población y la descentralización tan bien distribuida por el territorio neozelandés, compuesto mayoritariamente por dos grandes islas (South Island y North Island) no concibe nada fuera de los marcos de la legalidad, de modo que todo comericio genera tras de sí un estatus de confianza. El cultivo que rodea los pueblos de no más de cinco mil personas está repartido en muchas manos, cuando no son hectáreas a cargo de familias que terciarizan el cultivo, la poda y la cosecha son llevadas a cabo por asociasiones de inversores unipersonales que acabarán vendiendo al Estado para que distribuya. El Estado acepta el neoliberalismo y compite en él.

¿Qué es lo que al parecer sostiene todo esto? La idiosincrasia heredada de los ingleses. La ética formal y establecida; incuestionable ¿La consecuencia moral de esta postura social? Desaparecen valores como la rebeldía, lo alternativo, lo independiente… lo ilegal. Todo funciona dentro de su envase y no existe la posibilidad de plantearse hacer las cosas de un modo diferente ¿Adormecimiento? Desaparece la lucha que en países subdesarrollados -caso de Uruguay- se conoce como lucha contra el aparato estatal, en parte por idiosincracia -el Estado como la Reina son incuestionables- y en parte por falta de necesidad política y económica -esta comodidad también pudo haber sido heredada de parte de los supuestos colonizadores  ingleses a los supuestos colonizados uruguayos-. No parece existir tal conciencia de grupos opositores a menos que se hable de conflictos bélicos -los cuales no son repudiados como actos humanos de violencia sino homenajeados como “el día en que decidimos nuestro futuro”-. Me pregunto si verdaderamente hubiese sido bueno cambiar de colonizadores…

En Nueva Zelanda al Estado se le da, al Estado se le obedece con abnegada sumisión y el Estado pareciera devolver con la misma moneda, porque -como acaba de plantearse- no existe otra posibilidad en esta idiosincracia. Ciuidadanos y burócratas no evalúan la posibilidad de corromperse. Socialmente se organiza y se ordena bajo el concepto de big family -concepto que numéricamente a Uruguay podría venirle como anillo al dedo-.

Quizás por estas mismas razones los ciudadanos del Uruguay colonizado por los ingleses verían sus calles limpias, las bocinas de los autos se tocarían únicamente en casos de emergencia -el tránsito funcionaría en sentido inverso- y si las tormentas hicieran algunos estragos por las calles del vecindario bastaría contactarse con algún funcionario de esta big family para que en menos de tres horas el árbol caído sea trozado y deportado al centro de reciclaje más cercano ¿Se parece a esta la sociedad que el uruguayo quiere habitar?

La puntualidad en el transporte sería de por sí algo eficaz o simplemente real. Los sueldos tendrían una capacidad de ahorro que duplicaría o triplicaría el costo de vida y todo esto sin tener que mudar el modelo agropecuario esencialmente uruguayo ¿El destino nos dio los colonizadores adecuados?

¿Podría compararse Auckland con Montevideo? Completamente, aunque en términos de arte Montevideo no merece la comparación -Auckland y buena parte de Nueva Zelanda no heredaron la necesidad artística de los ingleses-. La ciudad de Auckland es turística y empresarial, ¿pero en qué se parece a Montevideo y en qué no?

Auckland es -al igual que Montevideo- ciudad portuaria. La ciudad fue desde el comienzo de su urbanización, planificada. El centro de la ciudad fue declarado como zona urbana y solo allí pueden construirse edificios de más de cuatro plantas. El verde es prioridad a lo largo de toda la ciudad y se consideran imprescindibles los grandes espacios verdes a lo Central Park de modo así que la ciudad respire de su tráfico.   Aprovechando la baja población -en constraste con las grandes ciudades del mundo e igualmente urbanizadas- y tomando en cuenta que dada la capacidad de ahorro los autos pueden acumularse de hasta tres o  cuatro por familia -no como ostentación sino como simple posibilidad económica- el tránsito se organiza sincronizado de modo de no generar embotellamientos ni verse en la obligación de construir grandes puentes y autopistas.

La gente vive afuera de la ciudad céntrica -exclusiva de la polis– en terrenos verdes y sin necesidad de privarse por miedo a robos. Lamentablemente, la indigencia es predominantemente maorí y asiática y de tan escaza al tercer día uno conoce todos sus rostros. Los indigentes consumen metanfetamina y no muestran índices de conducta agresiva entre otras cosas porque la policía camina por la ciudad sin armas para no provocar el temor y la violencia en el ciudadano -estudios psicológicos sobre el ciudadano delincuente han demostrado que esto funciona- ¿Montevideo y Auckland se parecen en algo?

El intendente de Auckland no es una persona de edad avanzada con planes sociales -porque esas son consideradas tareas estatales- sino que es una persona joven, gestora, estudiosa de tendencias urbanísticas e inversora en generar nuevas ideas para tener una ciudad cada vez más cómoda para el peatón, el ciclista, el turista y el ciudadano que usa medios de transporte. Para nada quiero con esto proponer un modelo de país a seguir, sino observar y ensayar un poco sobre estos países que dialogan a través de mí.

Los óminibus de Auckland no pueden llevar pasajeros de pie y no retoman su marcha hasta que el pasajero esté sentado en alguno de los asientos libres, dado que la frecuencia del transporte urbano se encaragará de generar localidades disponibles donde tomar asiento. Han incorporado peatonales de adoquines habilitadas para autos a baja velocidad pues se considera de primera prioridad la integración del transeúnte al tránsito citadino. Todo muy inglés…

¿Montevideo y Auckland, pues, se parecen en algo? El puerto logístico de Auckland ha encontrado la manera de convivir entre contenedores, hermosos muelles y exposiciones de arte al aire libre ¿Se trata de querer ser lo que no somos? Por lo pronto, es así que uno entiende por qué muchas veces viajar implica recordar Montevideo con ojos nuevos ¿Debimos preferir a los ingleses? Está claro que -ya que existen las fronteras políticas- no deberían asemejarse en nada un país con el otro, así el viajar implica lo diverso. La pregunta que cabría hacerse es: ¿hacia dónde vamos entonces, o hacia dónde estamos yendo? Lo único que nos queda, como siempre, es jugar y seguir imaginando. Y no olvidar, que en el lado opuesto del globo, hay un país para Uruguay que como buen hermano rubio para buen hermano moreno, a primera vista no se parecen y sin embargo, en sus esencias, puede que no sean algo tan distinto.

¿La idiosincrasia heredada de una colonización condiciona absolutamente la sociedad del futuro? ¿Es posible generar relevantes cambios en la idiosincrasia de un pueblo? Quedará planteado para un próximo ensayo…