Mauricio Bosch, nacido en la ciudad de Durazno, es un periodista, crítico y eterno amante de la música. Como periodista se lo puede ubicar en el diario duraznense “El Acontecer”, en la revista Pimba!, en Semanario Brecha, Diario La República y trabajó para La Diaria durante siete años. De vuelta en su ciudad natal, luego de varios años en Montevideo, movilizó a la ciudad con Villaquieta Producciones,  y debido a esto, obtuvo mi atención.

Dentro de la variedad de “personajes” de la ciudad de Durazno, la figura de Mauricio Bosch, me resultaba extraña, directamente, porque no lo conocía y muchos “hablaban de él”. Un día, en esto de las redes sociales, comenzamos a intercambiar charlas, opiniones y así fue que una vez me llevó a  tomar unos mates en su casa. Me contó un poco de su vida, de sus intimidades, me mostró la colección de discos de vinilo que tiene (dicho sea de paso, si tienen algunos para tirar, no duden en contactar a Mauricio que él los hará suyos sin problema alguno) y quedó ahí, en el aire o al menos así lo sentí, la de volver a reunirnos.

Javier Villasuso Multimedia

Este año volví a juntarme con él, ahora sí, en plan de entrevista y ya conociéndonos un poco más, nos sentamos en una mesa que tiene en el garaje de su casa y mate de por medio, comenzó el REC. No me acuerdo qué había en la mesa, o en el termo de Mauricio, o si estaba en una ventana, no lo sé, pero ese algo hacía referencia a “El Gato Negro” y a propósito de ello, Mauricio cuenta:

Fue un boliche que tuve entre el 96’ y el 98’. En donde pasaron muchas cosas en muy poco tiempo. Me había ido a Montevideo a estudiar ciencias de la comunicación, y entre tanto paro, no sé cómo me termine anotando en un curso de cocina. Un día me llamó un cuñado, y me dijo que se vendía un boliche en el barrio Aguada. Digamos, un boliche de copas, de billar. No sé en qué carajo estaba pensando, pero se me ocurrió que podía cocinar en ese local. Y así fue que terminamos abriendo “El Gato Negro”, en Bacigalupi y Lima, cerca del Liceo Miranda. Al mediodía se hacía de comer, a la noche se iba a jugar al billar y a tomar unas copas, y algunos fines de semana hacíamos música. Eran ciclos de cuatro shows por los que pasaron, entre otros, Mandrake con Wilson Negreyra, “El Principe” en un par de ocasiones y una banda de blues rural, de Valizas, en donde tocaba Christian Cary, y que además tenían a un compositor increíble llamado “Edi” Diaz.  La otra particularidad, es que, “El Príncipe” compuso Mandolín, en esa época. No específicamente en el local, pero sí, el tema refiere al boliche, o a mí. “El Príncipe” iba mucho y lo incorporamos a la barra de amigos. Lo lindo fue que se pudieron ver un montón de cosas: una vez, cayeron una pareja de camioneros que tenían que esperar a que les cargaran el camión, y mientras tanto tomaron unas copas en el boliche. “El Príncipe” estaba ahí, lo invitaron a tomar unas copas y le pedían que tocara canciones. Le pidieron, me acuerdo, “una de cowboys” y lo hizo. El tipo agarraba y tocaba. Y bueno, eso tenía el boliche. Esas cosas solo podían verse ahí, o en ese momento.

Un dato curioso para los lectores, es que allí en ese boliche, se grabó la versión original de la canción “Amor Profundo”, de Mandrake Wolf & Los Terapeutas, en donde participa Jaime Roos. Así que, si desean ver, lo que quedó del boliche (ya que fue grabado cuando el boliche estaba cerrado)

La charla siguió, y me acordé de un cuento que me hizo Mauricio, al respecto de Neil Young, y le dije, “me habías contado acerca de Neil Young, y la primera vez que lo escuchaste”, a lo que respondió:

-Lo que primero debo decir es que soy melómano, es decir, algo así como una especie de adicto a la música. En este contexto, la otra vez me tocó escribir sobre, cuándo había sido mi primer contacto con la música. Y fue, cuando hacía girar los autitos de juguete en el tocadiscos de mi viejo. De chico tuve contacto con la música, y en un momento de la época de la escuela empezamos a revolver los cajones con discos, que tenían los padres de amigos y compañeros, buscando canciones para armar una bailable. Creo que más que las bailables, lo que más me gustaba era ir a revolver los discos de pasta en la casa de mis amigos, es decir, la música que tenían esos padres. Porque es importante marcar que, en esa época, Durazno no era un lugar en donde hubiese discos de rock, propiamente dicho. Me acuerdo que con un amigo nos reíamos de una canción de Tabaré Etcheverry que decía algo así como que había que meterle el dedo en el culo a una mulita pa’ que saliera de la cueva. De ese tipo de cosas escuchábamos y gozábamos. Comenzó así, como una especie de búsqueda inalcanzable de canciones, que me llevó a escuchar la radio durante horas, con dos cassettes en mano, uno de “Movidos” y otro de “Lentos”. Ahí esperaba a que el locutor presentara una canción, y sin saber si era lenta o movida, elegía una y le daba Rec y eso era mágico. Así fue que una vez, una vecina tenía un cassette roto en su casa. Arreglé esa cinta (que era de cromo) y la puse en otra cajita de cassette. Y allí descubrí un disco en vivo, con canciones increíbles. Pasaron años antes de saber de quién era ese cassette, es que tampoco había nadie que me pudiese decir quién era. Y hoy bueno, hoy soy muy fan del «viejo tío Nelson»

La canción “I am a child”era parte de ese cassette roto que Mauricio reparó:

Los que más o menos, conocemos el trabajo de Mauricio, podríamos catalogarlo como crítico de música. Este encasillamiento lo llevó a ser jurado de los Premios Graffiti desde el comienzo, así que, con este contexto, le pregunté, ¿es necesario que un artista deba tener a alguien detrás para obtener el reconocimiento de cierto público?

-Un artista no precisa nada más que su voz, su talento, la destreza para tocar un instrumento, y a veces ni siquiera para tocar un instrumento. Ahora, si hablamos de la figura y el rol de un productor, podemos afirmar que sí, que es importante esa figura “por detrás del músico”. Muchas veces hay gente que descubre artistas y que le pasa herramientas para llegar a determinada lugar. Y esto es excelente. Igualmente, es más importante que si tener o no un productor, es que el artista tenga claro qué quiere, hacia dónde apunta. Hay algunos artistas que no tienen la más pálida idea de por qué están haciendo lo que están haciendo, otros en cambio la tienen clara. Por ejemplo, si me preguntas si sirve para algo un “Premio Grammy”, te digo que acá en nuestro país, no. Ahora, si hablamos del mercado latino, seguramente sí. A ver, seamos más concretos, ¿al Cuarteto de Nos o al “Negro Rada”, les sirvió de algo, acá en Uruguay, que hayan ganado un Grammy? Y no. Si cambiamos persona por premio, sí es claro que la obtención de un premio, ayuda, colabora, catapulta la carrera de un artista y lo posiciona en un buen lugar. No se puede negar. Pero en la carrera de un artista, sí es importante que tenga un disco grabado. Hay un antes y un después en el artista, luego de grabar. La creación de un disco, es un punto de inflexión en un artista.

¿Podemos afirmar que el público es quien da el “visto bueno” a las obras de un artista?

-Un artista necesita su público, sí, indefectiblemente. La otra pata de la que se debe hablar, es que la industria tiene un propósito económico, en ese sentido, la industria (en el sentido global) ha hecho que muchos músicos hagan una cosa u otra, solo por mero capricho. Por ejemplo, hay una mina que se llama Bettye LaVette, una cantante de soul con un tono de voz parecido al de Tina Turner. La mina grabó solo una vez y ahí le ofrecieron hacer una gira con Ben E. King, gira que, por cierto, nunca se realizó. Treinta años después la mina mete unos discos increíbles, y logró una atención mucho mayor a la de aquella primera vez. Y si bien, el mercado la olvidó, ella nunca dejó de ser artista”

Uno de los discos de Bettye: