Hace algunos días te presentamos la PRIMERA PARTE de la entrevista que le realicé a Mauricio Bosch (crítico y periodista cultural, nacido en Durazno). Allí charlamos sobre “El Príncipe” Pena,  Mandrake Wolf y algunas otras cositas, pero ahora es momento de encontrarnos con la segunda parte


Era momento de hablar sobre  la cultura en Uruguay en un sentido más de entretenimiento. Y si bien es una temática con respuestas amplias y variadas, Mauricio cuenta lo siguiente:

-“Creo que hay cosas que han mejorado, para bien o para mal. Siendo atrevido, te puedo hablar del 85 en adelante. Y si negamos que las cosas no han mejorado, estamos mal de la cabeza. Es decir, aparecieron los productores, que, si bien eran pocos no era necesario que un artista tuviera que tener uno. El detalle de tener un productor y empezar a valorar su tarea cambió definitivamente la música en nuestro país. ¿Por qué fue positivo? Pa’ arrancar terminó con los egos. Si llega un músico, y te plantea que no le pusiste en el disco la canción que le compuso a la hija, y vos como productor le respondes que no entró porque no iba con la idea general del disco, de repente acata. Si no estuviera el productor, quién sabe si acata. Vayamos a un ejemplo, uno de los grandes discos de la música uruguaya que he escuchado últimamente, es el de Ernesto Diaz. Él, le presentó a Guilherme (productor del disco “Cualquier Uno” junto a Fernando Ulivi), cuarenta y cinco temas para meter en el disco, ¿y los que no entraron son horribles? No, simplemente no entraban en el disco, y punto.

¿Existieron puntos de inflexión para el crecimiento cultural?

-“La democracia fue uno de los puntos de inflexión, es decir, antes pasaron cosas, no vino el “Arca de Noé” y dejaron a Los Traidores así como si nada. Para las generaciones más cercanas el Pilsen Rock fue otro punto de inflexión. Que sobre todo pegó hondo en el interior del país. En ese entonces, y ahora también, sigo mirándolo desde Durazno, y en ese sentido, todavía queda lejos Montevideo, muy lejos. En esta vuelta al pueblo, no puedo creer que a pesar de que estamos a dos horas en auto de Montevideo, hay gente que no tiene ni la más pálida de la existencia de ciertos artistas de la capital. Ahora, ¿está re lejos Montevideo o hay gente, acá en Durazno, que está parada arriba de la pelota y moviéndola como se le antoja y no permitiendo el acceso a ciertas cosas? ¿Por qué no pasan la pelota o no les interesa ese tipo de artistas? Y porque no le es negocio. Le es negocio hacer “esto” y no lo “otro”. Sin embargo, hay elementos democratizantes, y en ese sentido, otro punto de inflexión fue la llegada de internet. Gracias a ello, se alargó el horizonte de aquellos que quisieron y pudieron ver más allá del límite departamental”.

La charla viene siendo intensa, y al respecto del acceso que había en Durazno, allá por los ochenta y noventa, con respecto a la música:

-“Hubo gente que me dijo que tenía acceso a determinada música porque me podía comprar los discos, por ejemplo. Y mi respuesta es y será que había que tener el dedo fino para encontrar en el dial la música que querías. Siempre existieron radios AM que pasaron música diferente a lo que pasaban Radio Yí y Radio Durazno, había que buscarla. Esa mística de agarrar en el dial “Radio Mundo” o “Radio Independencia” era una “carga de descarga”, era impresionante. Tenías que agarrar el grabador, atarle un cable y conectarlo a la antena de la tele, para agarrar “efeemes” de Argentina, era genial. Por ejemplo, escuché por primera vez a los Terapeutas en CX 26, estando en Durazno, y no en Montevideo. Todos los viernes a la una de la tarde, “Deqo” Nuñez en “Meridiano Juvenil” pasaba música nacional. Es decir, la música estaba ahí al alcance de todos, había que ponerle mañas.

Siguiendo con el eje radial. ¿Existe una especie de confabulación de alguien para que se escuche siempre la misma música?

-“Sí, la hay, y se llama ‘mainstream’. Digamos, el mercado de entretenimiento tiene sus fines, y si en ese fin es necesario pasar la misma canción por las radios, se hace y punto. Es así. Y en este sentido, funcionalista, puedo entender el rol que cumplen, lo cual no quiere decir que lo acepte. Volviendo un poco a los puntos de inflexión, la democracia se amplió cuando llegó Internet. El músico puede llegar al público sin un intermediario, cambia todo un paradigma. La música “indie” viene de ahí, fuera de lo que seleccionan los sellos. Pero bueno, todo lo que conocemos, o la gran mayoría, viene de parte de los sellos importantes.

Y tu contacto con el periodismo, ¿en dónde comenzó?

En Durazno laburé para el diario El Acontecer. Hacía entrevistas cuando venía algún músico. Era una columna de opinión que se llamaba “Zapando En La Lapicera”, en donde hacia comentarios de música. Te hablo del año 89, o por ahí. Después, hice radio en Montevideo, tenía un segmento en Emisora del Sur, que se llamaba “Favelados”. Y después escribí. Estuve en Pimba!, que se repartía gratuitamente, y en Pimba! Web. Luego tiré artículos en Brecha, La República, entre otros. Y en La Diaria estuve como siete años”.

A propósito del mundo periodístico de Mauricio Bosch, hace pocos días comenzó con una columna radial, llamada “Conexión Villaquieta”, y dentro del programa “Dejá Que Hablen” de radio “La X”:

En el año 2012, se editó “Porcinismo: Larga vida a La Chancha”, de Juan Bervejillo, pero con prólogo y entrevistas de Mauricio Bosch, al respecto de Juan, me referí a Mauricio: “Juan es un personaje interesante, al igual que Mandrake, ¿no? ¿Por qué será que desde la visión de un duraznense, La Chancha sea más conocida que Mandrake?” Y Mauricio respondió:

-“Con La Chancha y Durazno pasó algo extraño, que todo comenzó cuando Graffolitas fue a ensayar al estudio de La Chancha. Antes, nadie tenía ni la más puta idea de quién era La Chancha. En esos ensayos, se hicieron amigos de Juan y empezaron a traerlo. Después, la gente comenzó a gustarle la música de La Chancha. Pero vez, ellos sin un productor y solo por la amistad con una banda de rock de Durazno lograron obtener un público por estos lares. Está buenísimo, no tiene nada de malo que sea así”.

Hagamos una salvedad. En este instante de la entrevista, aparece Fernanda, la compañera de vida de Mauricio, y sentándose junto a nosotros y tomando el mando del mate, comenta: “es más bien como una banda amiga La Chancha, ¿no? Pasa eso con la banda acá”. Mauricio la mira, me mira y sigue:

-“Lo que pasa que La Chancha tuvo muchos cambios estéticos. En sus comienzos era una banda colorida, con cantantes femeninas, con vientos. Una banda que no encajaba. Era punk en su actitud, pero hacían pop. No encajaba dentro del esquema del rock cuadrado que se escuchaba en ese momento. Luego tuvieron esa parte más “punky” que mantienen hasta ahora, en ese formato eléctrico. Después con La Chancha Playera, algo más “jipon” pudieron llegar a muchos lugares que nunca hubiesen llegado con el formato eléctrico. Porque en esto de la carrera de un artista, hay muchas formas de que el músico se haga conocer. A veces tampoco depende de ellos, por ejemplo, si pensamos en las minas que escuchan a Buitres, y los van a ver solo porque les atrae Peluffo, está perfecto. O aquellos que escuchan una banda porque les seduce cómo toca el bajista. Es decir, en esa conexión público-artista los gustos son variadísimos, te diría que infinito”.

Lo trajiste a Mandrake hace poco, con los ciclos musicales de Villaquieta Producciones. ¿Qué onda con Villaquieta?

– “Villaquieta no es un término mío, lo tomé a través de una barra que se juntaba en el Sorocabana por el 88’. Y allí alguien dijo una vez: “esto es villaquieta, acá no pasa nada”. Me gustó ese nombre y lo usé siempre en canciones y artículos. Cuando volví a Durazno se me ocurrió que se podía movilizar algo acá, y a la vez, seguía siendo interesante la parte de “quieta” porque nosotros veníamos de Montevideo, con otros ritmos. Retome el término y el proyecto nace por la necesidad de respirar un poco de música, para no extrañar Montevideo musicalmente, y así, acercar a la gente, con la cual había generado vínculos por el laburo que tenía en Montevideo, con la gente de mi pueblo. De compartir. Y así hemos remado a contracorriente, haciendo un show por mes, sin pensar en enriquecernos con esto, pero sí con el fin de respirar al menos una vez al mes buena música.

Hablemos estrictamente de música. ¿Qué estas escuchando actualmente?

-“Para no cortar de una con el esquema de análisis que venimos llevando, tengo que decir que internet hace que sea imposible “escuchar” música. La cantidad de información que hay lleva a que te dediques menos tiempo a las cosas, y te envuelvas en ese “descubrir” que hablábamos hoy. Esto puede transformarse en un problema. Es decir, estoy escuchando demasiadas cosas a la vez. Pero bueno, ahora estoy copado escuchando música de Mali. Son como canciones folclóricas, que se asemejan con el blues. A grandes rasgos, estoy escuchando música de Mali y hace poco me copé con la cumbia peruana. También estuve hurgando mucho con respecto al reggae y todos sus sub-géneros. Mirá, el otro día me di cuenta de que me gusta descubrir cosas todo el tiempo, y la música es ideal para ser curioso, porque si hurgas en la vida de los demás, seguramente te irá mal. Pero en la música sí podés hacerlo, porque la música no conoce de fronteras. No hay límite en ella. La música es la que me da satisfacciones constantes. No podés cambiar de mujer todos los días, pero sí podés cambiar de canciones todos los días, y descubrir una canción nueva todos los días, es sano y está buenísimo”