Hace casi cuatro años, Patricia Mederos encontró una receta para disfrutar sus fines de semana: salir y hacer dinero en un boliche preparando tragos. Al comienzo no tenía conocimientos sobre coctelería, pero después de la primera noche de trabajo una idea se batía en su cabeza: “no puedo estar detrás de una barra sin saber qué estoy haciendo; necesito aprender”.

Ella se encontraba en Montevideo, lejos de su Treinta y Tres natal, cursando una Tecnicatura en Turismo. En ese momento se abrían cupos de esta disciplina en la Escuela MAPA, donde tomó su primer curso a cargo del por aquel entonces, presidente de la Asociación Uruguaya de Bartenders (Audeb), Roberto Pontes. Continuó su carrera en Audeb, sumando seminarios, masterclasses y una de las tres capacitaciones que realiza la Asociación Internacional de Bartenders (IBA).

Patricia distingue los torneos de coctelería en tres tipos: los eventos de marcas, que presentan variados requisitos; el Mattoni Grand Drink, una competencia que desarrolla anualmente una marca de agua checa en Praga, donde se disputan la mejor copa aquellos que posean la técnica IBA y estén dispuestos a preparar buenas tragos sin alcohol; y el torneo IBA, que es el mundial de la coctelería.

En junio pasado, Patricia compitió en el Mattoni Grand Drink, una gran mezcla de bartenders provenientes de todas partes del mundo, donde la técnica y el cóctel representan el 50% del puntaje respectivamente. La particularidad de este evento es que mientras se desarrollan los tragos en ocho minutos, se debe contar una historia en inglés frente a los más curiosos. “Yo no hablo inglés, entonces me aprendí todo el discurso y mientras llevaba a mi hija a la escuela iba con los auriculares practicando” confiesa Patricia. En un video de YouTube que documentó su performance, la naturalidad en su discurso fluyó como cada uno de los ingredientes, que servía con ojo clínico en la probeta, para luego fundirlos en las 5 copas a realizar. Su speech se basó en su viaje, porque “era la primera vez que viajaba a Europa, a representar a mi país y todavía siendo la primera mujer uruguaya en ir a esa competencia” señala. Como resultado final obtuvo el primer puesto a la “Mejor Técnica”.

La práctica para los torneos internacionales no resulta una tarea sencilla desde nuestro país. Describe que del 100% de bebidas auspiciantes en IBA, a Uruguay sólo llega un 15%. Ante la consulta de si esas bebidas pueden conseguirse en la frontera, Patricia lo descarta, ni siquiera en esos lugares pueden hacerse de algunos licores. En tal sentido, de su viaje a Praga retornaron cuatro exóticas botellas para las prácticas de otro compañero.

A la hora de pensar en el contenido de su copa, Patricia sostiene: “yo me fijo mucho en la persona a la que voy a hacerle un trago”, contemplando así gustos personales. Concibe al buen coctel como una mezcla equilibrada de “aroma, sabor, color y apariencia”. Prefiere utilizar ron y vodka por su versatilidad, frente a bebidas más fuertes como el whisky o el vermouth, que “resultan más difíciles de manejar pero no imposibles” con el objetivo de que el cliente declare: “que rico, no sé qué tiene”.

La coctelería es abierta a los más variados ingredientes, siempre y cuando estos permitan llegar a la fusión perfecta. En un tono humilde, insiste que “para saber hacer un buen trago hay que probar, usar distintas bebidas e improvisar”, aplicado tanto para los torneos internacionales como para la máxima competencia nacional.

El 29° Certamen Nacional de Coctelería se celebró a principios de noviembre en Montevideo, el cual habilitó a los campeones a disputar el próximo mundial de IBA. Contaron con un mes para planificar un aperitivo ácido, seco y con alta graduación alcohólica. “Estuve al límite de no competir porque no encontraba el trago perfecto. Estaba estresada, probaba 20 recetas por día ya que el trago cambia por muy poquito”, confiesa.

Al comienzo de su carrera utilizaba la técnica a ojo, que permite modificar entre 10 o 15 cl, pero ahora con la probeta puede cambiar hasta 0,25 cl y sostiene que en el caso de un aperitivo esta diferencia puede marcar la victoria.

“No podía tener ni mucho almíbar, licor o jugo cítrico, pero tenía que ser ácido” describe. Aceto balsámico, vinagre, jugo de jengibre, bebidas cero y hasta el agua de las aceitunas pasaron por su casting.

Confiesa que al momento de competir tuvo “mucha presión”, tanto por su victoria en Praga a la mejor destreza como por el oro obtenido en los últimos panamericanos, donde Pepe Dioni, actual presidente de la IBA, le dijo al bajarse del podio: “Tenés que prometerme que vas al mundial el año que viene”.

Durante la competencia crecía la tensión, al punto que se le cayó una cuchara al piso por accidente, lo cual le quitó puntaje. “Asumía que no podía ganar y estaba muy deprimida, pero se dio”, dice recreando la sorpresa del momento, y agrega que nunca antes había pisado el podio nacional.

Patricia Mederos se convirtió con 26 años en la primera mujer uruguaya en clasificar a la máxima competencia de la coctelería, el mundial de IBA en el que participan 64 países actualmente. Junto a Danilo Oribe (tres veces campeón del mundo) buscará la medalla de oro en Estonia el próximo mes de octubre.

A pesar de ser una disciplina mayoritariamente masculina en nuestro país, Patricia considera que la participación de mujeres en coctelería viene creciendo cada día más, pero hace una distinción: “No hablo de la mujer bonita que vende cerveza detrás de una barra, me refiero a una mujer fuerte, con carácter y que sepa”.

“En casa todavía no entendemos cómo llegué a esto” dice entre risas. Detalla que en su hogar una botella de whisky se agota en dos años y que en las fiestas de fin de año casi no se consume alcohol. Además, recuerda los “cócteles con espumante “que inventaba de chica para el brindis de sus padres cuando daban paso a un nuevo año.

Otro panorama se abrió para Patricia desde que compitió en Praga: hoteles cinco estrellas y grandes firmas de bebidas la contratan para compartir sus tragos.

Entiende que más temprano que tarde deberá expandir sus conocimientos gastronómicos, por la innovación que requiere ser barman hoy día. Pensando en el mañana, sueña con hacer temporada en otro país porque considera que es “la mejor manera de aprender, conocer nuevas costumbres, lugares y sabores”.